jueves, 31 de diciembre de 2009

Es oficial: hoy arrancamos





Hace un par de meses apareció en el Perú este comercial sorprendente por inclusivo y esperanzador. Sorprendente, además, porque no es publicidad estatal ni un mensaje lanzado desde alguna organización social sino publicidad de Movistar (y ya se sabe que los abusos de Telefónica en Hispanoamérica son muchos y terribles). Seguramente, las razones comerciales o estratégicas para lanzarlo han sido las que tendría siempre una empresa como Telefónica, pero el spot (preparado por Young & Rubicam - Perú) no deja de encantarme, por eso lo reseño ahora, casi como un deseo de fin de año.

Comienza con un diario colgándose en un kiosco, cuyo titular visible dice: “ES OFICIAL: HOY ARRANCAMOS” y un narrador diciendo: “Un lunes cualquiera nos despertamos…”, y comienza a describir nuestra esperanza (la mía al menos) respecto a este país partido (desasido, podría haber dicho Martín Adán).

Se enfoca una calle enrejada como tantas en el país, y mientras la voz dice que hacemos algunos cambios, las rejas desaparecen. Perdemos el miedo al otro, dejamos de sentir nuestra vida cotidiana como en constante amenaza, abrimos las puertas de nuestra vida. Un par de viejos se miran mientras la voz dice “recuperamos el tiempo”, luego se ve a Sofía Mulanovich celebrar y luego una de mis escenas favoritas: una combi se detiene detrás de la línea peatonal para permitir que una mujer cruce, tranquila, la calle. Me encanta porque, entre otras cosas, la mujer hace el ademán de querer cruzar y se detiene (como hemos hecho tantas veces) porque a la combi no se la desafía; pero la combi se detiene a su vez y ella, probablemente sorprendida, cruza. La sensación de la combi respetando al peatón, del ciudadano respetando al ciudadano, me emociona, es algo que a uno le cuesta imaginar en el Perú (lo que es particularmente triste cuando uno, como en mi caso, pasa tanto tiempo fuera del Perú, allá donde lo que nosotros soñamos es parte de la urbanidad establecida).

Mi siguiente parte favorita es cuando el narrador dice: “Un lunes cualquiera corremos un riesgo cualquiera. Lo hacemos por los otros, que es lo mismo que nosotros”, mientras vemos una mesa en la que comen personas: no cholos o gringos, personas. Y me emociona pensarnos así: como una sociedad en la que sintamos que los otros (los niños ayacuchanos reclutados por Sendero Luminoso, violados y asesinados después por el Ejército, por ejemplo) son lo mismo que nosotros, y entonces el hecho deja de ser una noticia de diario, una conversación en la cena, una broma cruel sobre Rafael Rey, para ser un dolor profundo, honesto, el dolor del hijo muerto, del hermano muerto, del semejante herido, y por lo tanto, la protesta ciudadana, la exigencia de justicia. El cambio de giro de la historia. Esa empatía con el dolor ajeno que hoy parece tan poco peruana.

Y luego aparecen dos referencias a la literatura peruana (otro evento extraordinario en la publicidad nacional). La primera, al poema “La cena miserable” de César Vallejo, en la que aparece éste, gris, sentado a la mesa y rodeado de multicolores y niños diversos y preguntándose “¿Y cuándo comenzaremos a vernos con los demás / desayunados todos / al borde de una mañana eterna”, y la respuesta la da el narrador a través de los rostros de niños peruanos, casi todos mestizos (una cholita urbana, un mestizo –quizá charapa–, un chinito, una cholita de vestimenta indígena cusqueña, una rubiecita y un negrito): “un lunes, señor Vallejo, un lunes cualquiera”. Que nos lleva otra vez al 'hoy arrancamos' del inicio, un lunes cualquiera no es un punto indeterminado en el futuro, no es la posposición de la flojera, al revés: un lunes cualquiera tendría que ser, debería ser hoy. Que sea hoy.

La segunda referencia es a la famosísima frase de Zavalita en Conversación en la Catedral de Vargas Llosa: ¿En qué momento se jodió el Perú? El narrador se pregunta lo contrario, “Y oiga usted, ¿en qué momento se enderezó el Perú?” mientras se ve a Zavalita llegar en el aeropuerto (debe haber emigrado, como tantísimos peruanos, más que huyendo de la pobreza, huyendo de la frustración y la desolación de vivir en el Perú de la discordia) y a una enorme familia Zavala esperándolo, contentos todos.

Finalmente, el comercial acaba con una frase que me encanta, la mejor del comercial, sobre todo en esta época absurda de nacionalismo y chauvinismo: “Un lunes en que nos acostamos peruanos, y amanecimos hermanos”. Porque no se trata de conseguir un Perú mejor sino un mundo mejor: un mundo con menos discriminación y más empatía, donde nos reconozcamos en el otro, donde amar sea mejor que aprovechar, donde nos acostemos perteneciendo a un colectivo (el peruano, por ejemplo) y amanezcamos perteneciendo a la humanidad, al mundo, al universo. Sintiéndonos lo que somos: hermanos.

Bueno, muchachos, arrancamos hoy. Que el 2010 y el 2020 sean mejores, depende de nosotros.

¡Good bye, Mister Haya!



No hay mucho que agregar a lo que ya sabemos sobre el APRA y el Perú. El partido aprista nació continental, marxista y antiimperialista y terminó siendo nacional, antimarxista y salvajemente neoliberal. Eso gracias a una larga historia de arreglos, algunos bajo la mesa y otros, francamente descarados y a la vista de todos. Dice la historia económica del Perú que el primer gobierno de Alan García fue uno de los peores desde que somos república (dice mi padre y casi toda su generación -y la anterior- que fue el peor de la historia, pero dejemos un margen para la duda). Hoy, Alan García es nuevamente Presidente, y a poco más de un año de terminar su gobierno, pisa el acelerador de la ya acostumbrada farra aprista.

Por eso, es buen momento para recordar dos hechos, el primero, anécdotico, fue una declaración de García a poco de acabar su primer gobierno, cuando decía que la prueba irrefutable de que no había robado era que seguía en el Perú, en tanto que los ladrones se van a disfrutar el dinero robado viviendo en Miami o París. Poco después, se fue a vivir a París.



El segundo, es la histórica carta de renuncia de Manuel Scorza al partido aprista, dirigida a Haya de la Torre y que nos recuerda lo que casi todos sabemos pero que algunos apristas a veces intentan disfrazar: la máscara del partido, su capacidad para convertirse en lo que más les convenga. No comparto plenamente la ideología de Scorza (pero creo en la revolución diversa, en la que nos incluye a los que queremos un mundo mejor, con honestidad aunque con discrepancias, a veces muy profundas), pero admiro su valentía para decir en voz alta lo que muchos otros sólo murmuraron, y para defender aquello en lo que creía.

Acá la carta, publicada originalmente por el diario mexicano El Popular, y el deseo de que la colectividad peruana sea más exigente con el Estado y con el gobierno el año próximo. Que no sigamos eligiendo presidentes de la calaña de Fujimori o García, que comencemos a madurar como sociedad.



Junio 7 de 1954



Señor Víctor Raúl Haya de la Torre
Jefe del Partido Aprista Peruano


Considere usted la presente carta como mi renuncia irrevocable al Partido Aprista. He aquí las razones:


En el número correspondiente al 24 de mayo de mayo, la revista LIFE (edición española) publica un relato sobre su vida en la Embajada de Colombia, en cuya parte final, usted escribe: “La historia de Occidente irá continuamente en torno de su lucha para ganar y conservar la libertad. Por tanto, justicia significa usualmente pan sin libertad para Oriente y, a veces creo yo, que el comunismo ejerce una atracción mayor en Asia que en los países occidentales. El marxismo, como doctrina política, es inconcebible sin la supresión total de la libertad. Esto no puede prevalecer por mucho tiempo en un país occidental; y en los países orientales tendrá aceptación únicamente mientras el pan valga más que la libertad. Creo que la democracia y el capitalismo brindan la solución más segura a los problemas mundiales, a pesar de que el capitalismo todavía tiene sus fallas.” (Página 44).


Esto significa la liquidación ideológica del aprismo, significa que el aprismo seguirá la política de colaboración entreguista con el imperialismo norteamericano -¿cuál otro nos amenaza más directamente?-, que llevó al Partido a la derrota de 1948. Las incógnitas han quedado, pues, aclaradas: ha caído el telón sobre el aprismo.


EL MARXISMO ANTIIMPERIALISTA / El aprismo surgió a la escena política como partido de inspiración marxista, claro contenido antiimperialista y perfecta conciencia de su papel transitorio en la revolución mundial. “La doctrina del APRA -escribió Haya de la Torre en El antiimperialismo y el APRA-, significa dentro del marxismo una nueva y metódica confrontación con los postulados que Marx formulara para Europa”. “Los apristas -dice en página 119- aceptamos marxistamente la división de la sociedad en clases y la lucha de clases como expresión del proceso de la Historia.”


Lo que el aprismo fue demuéstranlo mejor que nada estas palabras de su fundador: “Nuestra experiencia histórica en América Latina, y especialmente la muy importante y contemporánea de México, demuestran que el inmenso poder del imperialismo yanqui no puede ser afrontado sin la unidad de los pueblos latinoamericanos. Pero como contra esa unidad conspiran, ayudándose mutuamente, nuestras clases gobernantes y el imperialismo, y como éste ayuda a aquéllas y les garantiza el mantenimiento del poder político, el Estado, instrumento de opresión de una clase sobre otra, deviene arma de nuestras clases gobernantes nacionales y arma del imperialismo para explotar a nuestras clases productoras y mantiene dividido a nuestro pueblo. Consecuentemente, la lucha contra nuestras clases gobernantes es indispensable, el poder político debe ser capturado por los productores y la producción debe socializarse.” (En el artículo ¿Qué es el APRA?, publicado por Labour Montly). Esta doctrina, razón de ser histórica del APRA, ha sido totalmente negada por Haya de la Torre; y no como él pretende, en dialéctico sentido hegeliano, sino vergonzosamente traicionada.


“THE BEST BUSSINES” / Es verdad que el aprismo, como doctrina política, ya no existía desde la Segunda Guerra Mundial. Quien lo dude, que lea los libros de Haya de la Torre La defensa continental y Después de la guerra ¿qué? En sus páginas es evidente el descalabro, la ruptura total con la doctrina primigenia. Asombra, por eso, el cinismo con que Haya de la Torre responde al anatema de Diego Rivera (que lo llama ‘lacayo del imperialismo’), afirmando: “mi posición es indeclinable”. (Revista Siempre, número 48, página 33).


Yo pregunto: ¿Puede ser indeclinable la posición de un hombre que ha dicho “Yo propongo las ideas fundamentales del aprismo no como un vago ideal sino -en términos positivos- como the best bussines-el mejor negocio para los Estados Unidos.”? (SIC, en el libro Y después de la guerra ¿qué?, página 204).


Más todavía, si más es necesario: El 16 de setiembre de 1946, en un discurso pronunciado en un teatro de Bogotá, Haya de la Torre dijo estas increíbles palabras: “Yo no tengo miedo al imperialismo de Wall Street, porque nos adiestra; sino al imperialismo de Hollywood, porque ese nos corrompe. Lo grave no es el poderío de los pueblos grandes, como los Estados Unidos, sino nuestro complejo de inferioridad”.


Comprobar el fraude no fue fácil para quienes teníamos 16 años cuando Haya de la Torre escribía tan claudicantes palabras. Yo, como miles de jóvenes, llegué al aprismo porque creía que era sinónimo de una revolucionaria aspiración de justicia; creí, de buena fe, luchar por un ideal nacional latinoamericano, es decir, antiimperialista.


Es un hecho que la contradicción entre la dirección burguesa del APRA y el pueblo revolucionario del Perú, llevó al aprismo a la derrota. No es verdad lo que Haya de la Torre afirma en LIFE. La revolución del 3 de octubre de 1948 fue resultado del descontento de las bases populares del APRA, y apristas fueron quienes sublevaron a la armada. Notoriamente ahí se inició la división que ahora existe en el APRA.


En el destierro, el aprismo se escindió en dos sectores: el incondicional a Haya de la Torre, y el sector izquierdista, formado en su mayoría por la juventud. Por razones obvias, mientras Haya de la Torre estuvo en la Embajada de Colombia, mantuvimos oficialmente la unidad a la vez que continuábamos la batalla ideológica por los principios esenciales del aprismo.


Es evidente ahora la orientación política que seguirá el APRA: su jefe ha sido absolutamente claro. Haya de la Torre prefiere el compromiso que le abra las puertas de la Presidencia de la República al duro camino de su gloriosa juventud. Yo no puedo formar parte de un partido de termidorianos sin grandeza.


OPORTUNISMO Y DEMAGOGIA / El volteretaza de Haya de la Torre se debe únicamente a su oportunismo. Nada justifica el cambio; nada justifica que el hombre que escribió que “la primera actitud defensiva de nuestros pueblos tiene que ser la nacionalización de la riqueza arrebatada a las garras del imperialismo” (El antiimperialismo y el APRA, página 74), diga ahora que “debemos poner fin a nuestra absurda ambición de industrializarnos aun cuando nada ganemos con ello”, y afirme que “no debe acometerse una campaña de nacionalización, ni de medidas contra el capital extranjero”, y sostenga que “hay que dejar participar a los capitalistas extranjeros en la dirección de la economía nacional”, y clame: “necesitamos con urgencia una división de trabajo entre el norte productor de máquinas, y el centro y sur productores de materias primas.” (Entrevista con Haya de la Torre publicada en la revista NEW LEADER, de Nueva York, transmitida por UP y publicada por El Universal, de México, en mayo último).


TREINTA AÑOS DESPUÉS / ¿Qué ha sucedido entre 1924 y 1954? ¿Qué ha sucedido que justifique tan rotunda negación? ¿Desapareció el peligro que nos acechaba en 1924? Por supuesto que no. Según los inobjetables datos de la Secretaría de Comercio de los Estados Unidos, las inversiones de capital norteamericano en América Latina llegaban, en 1897, a 300 millones de dólares; en 1919 ascendían a 2 000 millones; en 1942 alcanzaban 2 800 millones; en 1947 remontaban 4 700 millones; y en 1952 la suma era de 5 700 millones. El criterio de un niño de escuela bastaría para percibir el arrollador avance imperialista: en 22 años (1897-1919) las inversiones aumentaron en 1 700 millones de dólares; luego, en 7 años (1943-1950) superaron esa cifra: 1 900 millones de dólares; y después, en sólo 2 años (1950-1952) aumentaron 1 000 millones de dólares.


¿Cuál es la verdad sobre Indoamérica? Un escritor norteamericano, Samuel Guy Inman, da una respuesta necesariamente pública: “En nuestras vecinas Repúblicas de América Latina, que cuentan con una población total de 160 millones, más de la mitad nunca han dormido en una cama, nunca han poseído un par de zapatos, nunca han ido a la escuela, nunca han recibido atención médica. Un número excesivo sufre de enfermedades contagiosas y trabaja en condiciones feudales. La mayor parte de las industrias pertenece a extranjeros. En los Estados Unidos, el trabajador medio gana, en una hora, lo suficiente para comprar 8 kilos de pan; mientras que en Bolivia, el trabajo de una hora sólo le proporciona 350 gramos.” (Cuadernos Americanos, enero de 1952: La revolución mundial).


Y de esta América, el imperialismo saca fabulosas ganancias. Datos proporcionados por la Comisión Económica para América Latina (CEPAL), demuestran que en el lapso de 1945-1952, la afluencia de capitales a Latinoamérica fue de 2 090 millones de dólares, y que, durante el mismo periodo, las ganancias e intereses de las empresas extranjeras ascendieron a 5 829 millones de dólares. Se comprende que la Anaconda pueda obtener, en Chile, ganancias confesadas de 2 200 dólares por trabajador, cifra sin embargo ridícula ante las ganancias que en 1950 obtuvo, en Venezuela, la Creole Petroleum Corporation: 11 470 dólares por trabajador. (El drama de la América Latina, por T.E. Álvarez, en Cuadernos Americanos).


Creer que el hambre, la miseria, la pobreza de América pueden solucionarse mediante un compromiso, “sacando a los capitalistas de debajo de la mesa para que tomen parte en la dirección de la economía nacional”, como Haya de la Torre dice, es algo peor que una simple mentira: es una interesada estupidez.


¿Cómo ignorar tan angustiosa perspectiva? Ante ella sólo cabe una posición. El rabioso anticomunismo de Haya de la Torre coincide en forma demasiado notoria con las consignas del Departamento de Estado (State Departament) de EEUU. Sostener, como Haya de la Torre, que las grandiosas revoluciones de Asia, sostener que los Estados obreros europeos, sostener que la Unión Soviética, proyectan sombras imperialistas sobre nuestros pueblos, no sólo es mentir: es ponerse al lado del fascismo maccarthysta. Ante el porvenir de nuestros pueblos se abren dos perspectivas: o la revolución antiimperialista o la esclavitud colonial. Vivimos una revolución mundial. ¿Es posible negarlo? Esto es el fin de una época. El capitalismo se va como vino al mundo: sudando sangre y lodo por todos los poros. Pero más allá de los días sombríos de estos años, alumbra el resplandor de un Mundo nuevo. A esa aurora no conduce el camino de la claudicación oportunista.


Si Haya de la Torre no lo cree, ya no hablemos el mismo lenguaje. Eso es todo. No hay razón tampoco para desesperarse. El fracaso de Haya de la Torre es el fracaso de un hombre, no de un pueblo.


Aquí se separan los caminos. Ha llegado, pues, el momento de despedirse: ¡Good bye, mister Haya!


Manuel Scorza

lunes, 28 de diciembre de 2009

Las chicas en pantalones



Cuando uno piensa en las formas de discriminación perpetradas a lo largo del tiempo y el espacio humano, la más evidente, la más generalizada, ha sido siempre la discriminación contra las mujeres, en nombre de la superioridad masculina, de la religión, o simplemente de la fuerza o la tradición. Por eso, la equidad de género sigue siendo (y seguirá, por largo tiempo) una reivindicación necesaria. Imposible pensar una sociedad mejor si no se piensa también en un lugar mejor para las mujeres. Pero la equidad de género no sólo implica libertades para ellas, también para los hombres, y el feminismo del siglo XX, las contraculturas de los años sesenta y un montón de otros movimientos, se han encargado de brindarnos libertades que hoy nos parecen naturales, como si siempre las hubiéramos tenido. Por eso ahora puede resultar naïf esta canción, compuesta por Serge Gainsbourg y popularizada por France Gall en 1965. La canción dice que no somos ángeles, que si éstos bajaran y nos vieran (en 1965) confundirían a chicos y chicas. A los chicos por usar pelos largos y a las chicas por llevar pantalones.

La canción es maravillosa no sólo por lo dulce que es (no sé si ya he dicho cuán fanático soy de France Gall) sino porque celebra el cambio de época: los ángeles del paraíso se encandalizarían si viesen a la juventud de los sesenta, de valores trastocados y libertarios, sí, pero dejemos a los ángeles en el paraíso, ellos son de allá y nosotros somos de acá. Cada vez que oigo esta canción (y más cuando veo el video, sobre todo mi parte favorita: el baile de la silla), me siento orgulloso de la música, de los sesenta y de la vida. Los hombres y las mujeres podemos acercarnos a la igualdad, y los ángeles... que nos envidien.

Dejo el video acá:

Y mi traducción libre para quien no entienda francés:

Nosotros no somos ángeles. / Los ángeles del paraíso / encontrarían este mundo muy extraño / si descendiesen aquí.

No, no tenemos nada de angelicales, / de los ángeles del paraíso. / Dejemos a los ángeles allá en lo alto, en el cielo, / la tierra no es el paraíso.

Llamarían chicas a los chicos / con sus pelos largos, / y  a nosotras, las chicas / nos llamarían chicos, / a las chicas en pantalones.

Los chicos abrazan a las chicas, / a las chicas en pantalones / y nosotras, las chicas / nos enamoramos de los chicos / con sus pelos largos.

Los helados espacios de nuestro mundo




Cada vez me cuesta más pensar en las grandes conquistas sociales: la democracia real, la educación, el bienestar, la salud, el final de los abismos sociales, separándolas de las pequeñas conquistas íntimas: el amor, la alegría, el placer, la solidaridad. Cada vez me parecen más la misma cosa. Las ganas de ser feliz me parecen cada vez más parecidas a las ganas de hacer feliz, y más alejadas de la negación del dolor, la pobreza, la infelicidad. Entonces, leo a Clarice Lispector o a Kafka (a quienes estoy leyendo en estos días), y me admiro. Me deslumbra la fascinación por la vida de Clarice. La forma en la que oscila entre la necesidad de entender y el disfrute mismo de la vida: el milagro. No puedo imaginar a Clarice salvo como alguien llena de amor por el mundo, absolutamente dispuesta a hacer del mundo un lugar mejor. Kafka, por otro lado, pareciera ensimismado siempre, ocupado por su dolor, por sus angustias, que pareciera que el mundo no le importase. Pero creo que es todo lo contrario. Que Kafka, como Clarice, vive para el mundo, y se proyecta siempre en esa dirección. Kafka escribe y aspira a conseguir algo con su escritura, alguna forma de redención, de reparación. Incluso cuando habla del dolor, de su sufrimiento, de su constante sentido de la humillación, Kafka busca la redención: encontrar el fuego para calentar los helados espacios de nuestro mundo. Copio aquí un fragmento de su diario.

“Una vez proyecté una novela en la que dos hermanos luchaban entre sí; uno de ellos se marchaba a América, mientras que el otro se quedaba en una cárcel europea. Sólo de tarde en tarde me ponía a escribir unas líneas, porque me cansaba enseguida. Una vez, era la tarde de un domingo en que habíamos ido a visitar a los abuelos y habíamos comido un pan que siempre solían tener allí, especialmente tierno, escribí también algo sobre mi cárcel. En gran medida, es posible que lo hiciera por vanidad y que, al mover el papel sobre el paño de la mesa, al dar golpecitos con el lápiz, al mirar en todas direcciones bajo la lámpara, quisiera atraer la atención de alguno de los presentes para que me quitase lo escrito, le echase una ojeada y me admirase. En las pocas líneas se describía básicamente el corredor de la cárcel, sobre todo su silencio y su frialdad; también se decían unas palabras compasivas sobre el hermano que se había quedado, porque era el hermano bueno. Tal vez tuviese yo una momentánea sensación de lo poco que valía mi descripción; sin embargo, antes de aquella tarde, poca atención había prestado a tales sentimientos, cuando me hallaba sentado entre los parientes, a quienes estaba habituado (mi desasosiego era tan grande, que me hacía sentir casi feliz cuando me encontraba en medio de lo habitual), alrededor de la mesa redonda, en la bien conocida habitación, y no podía olvidar que era joven y que, desde la calma presente, estaba llamado a hacer grandes cosas. Un tío propenso a las burlas me quitó al fin el papel, que yo sólo sostenía a medias, lo miró brevemente, me lo devolvió, sin reír siquiera, y se limitó a decir a los demás, que lo seguían con la vista: «las zarandajas de siempre». A mí no me dijo nada. Yo me quedé sentado y me incliné como antes sobre mi papel considerado evidentemente inservible, pero de hecho me habían expulsado de la sociedad con un empujón; la condena de mi tío se repetía en mí con una significación ya casi real e, incluso en el seno del sentimiento familiar, tuve una noción de los helados espacios de nuestro mundo, que yo había de calentar con un fuego que tenía que buscar primero.” 19 de enero de 1911.

Godard, el arte y la totalidad




Jean-Luc Godard, God para los amantes, dijo en alguna entrevista: "Je ne veux parler que de cinéma, pourquoi parler d'autre chose? Avec le cinéma on parle de tout, on arrive à tout". Parafraseándolo, se me ocurre que no quiero hablar de nada más allá del arte, ¿para qué hablar de otra cosa? El arte lo abarca todo.

viernes, 25 de diciembre de 2009

The Medium is the Massage


I found this. Are tracks from the LP The Medium is the Massage. Is pretty good and you can listen McLuhan, Truman Capote and others. The website: Ubu Web Sound is a very good one, also. Enjoy it.

miércoles, 23 de diciembre de 2009

Yo a la muerte no la entiendo

Hace una semana murió Miguel Zegarra. Se mató. Era muy amigo de varios muy amigos míos aunque nunca fue mi amigo. Ahora está muerto. Esa noche se inauguraba una muestra de arte a la que fui. En el trayecto, la muerte de Miguel me trajo otras muertes a la cabeza, me trajo la idea de la muerte a la cabeza.

Hace tres años, Carlos, el primo con el que crecí, cayó del tercer piso de su casa y murió tres días después. Tenía un año y medio más que yo. De niños veraneábamos juntos, íbamos al mismo peluquero. Me enseñó a hablar en jerga y a correr olas. Yo quería ser como él, excepto que él era hincha de la U. Desde que murió siempre me pregunté si alguna vez estuvo realmente vivo o si yo me lo inventé. He recreado conversaciones que tuvimos y las he mezclado en mi cabeza con conversaciones absolutamente inventadas para ver si alguna zona de mi cerebro distingue la farsa y la censura. No. No sucede. No hay forma de probar –más allá de algunas fotos y documentos– que Carlos alguna vez estuvo vivo.
Este 25 de diciembre se cumplirán diez años de la muerte de mi abuelo. Tuvo cáncer durante once años. Se lo curaron. Celebró con sus hermanos. Días después, resbaló por las escaleras, entró en coma y murió. Su muerte evidenció lo absurdo de las enfermedades largas, de las curas milagrosas, de la vida. Yo a la muerte no la entiendo.
En el trayecto de casa a la galería de arte pensaba en mi abuelo, en mi primo, en Adriana Dávila y JoseMari Recalde, suicidados. En Renzo Zavalaga. Amigo maravilloso de hace algunos años, que vivía absolutamente fascinado con la vida, que convirtió una chingana en un memorable bar llamado Carpe Diem. Que murió de una larga y penosa enfermedad. A quien tuve que visitar en el hospital cubierto con una mascarilla.

No, yo no me río de la muerte. Ni hago diferencias entre los que mueren por largas enfermedades, accidentes brutales o suicidio. Creo que cuando uno muere, del modo que sea, es porque algo en uno ya no puede más: el cuerpo, la mente, el ánimo, lo que sea. Algo en uno no aguanta y se detiene. Y se acaba todo. Vacío. Nada. Chau. Y quedamos los demás. Ahí es que yo comienzo a no entender. Me da lo mismo el más allá. No creo en cielos ni infiernos ni descansos eternos. Creo en el más acá. Y cada vez que se muere alguien ese más acá se me desestabiliza por completo. ¿Qué hacemos acá? ¿De dónde sacamos tanta fuerza como para seguir dándole todos los días? ¿O es pura inercia? Y sobre todo me queda esa sensación de desazón. Me cuesta mirar el mundo con normalidad. ¿Acaso no es evidente para cada uno de los transeúntes que alguien ha muerto? ¿Qué alguien acaba de morir? ¿Cómo así nos atrevemos a inaugurar esta muestra? ¿A abrir ese pisco, ese vino, esa cerveza? ¿A decir, no, yo no lo conocía tanto? ¿Acaso la muerte se trata de eso? ¿De sentirse triste si uno conoció y si no conoció, bueno, piña, a celebrar? Pero la sensación es de vacío puro, de no entender y sin embargo seguir, vivo, llegar a la muestra y hablar y escuchar y dispersarse a veces y volver. Hablar, hablar, para callar a la muerte. Que sin embargo sigue acá cuando uno vuelve a casa y se levanta y recuerda todos sus muertos. Y sigue sin entender.

viernes, 11 de diciembre de 2009

Salò o los 120 días de Sodoma


Acabo de ver Salò o los 120 días de Sodoma (1975), última película de Pier Paolo Pasolini, que fuera asesinado ese mismo año. Estoy horrorizado, asqueado y -claro- fascinado. Es una película que presenta tan claramente la abyección, pero de un modo tan directo y extremo que fascina a la vez que horroriza (hay una reseña más amplia de la película acá).
Adaptada la historia original del Marqués de Sade a los años finales de la Segunda Guerra, y convertidos los aristócratas franceses en fascistas italianos, lo que Pasolini presenta es la abyección del poder a través del horror, el asco, la perversión, la inhumanidad. Salò explora el placer abyecto del control de los sujetos y sus cuerpos, de modo brutal. Primero sorprendiendo al espectador, luego explotando su morbo y luego cansándolo, torturándolo, sobrepasándolo. Al menos a mí.
Pasolini había vivido en Salò y había sido testigo de la crueldad. El documento que nos dejó debe ser inolvidable. No sólo para recordar la abyección de la que algunos fueron capaces en circunstancias específicas como la Segunda Guerra Mundial o los años de violencia política en el Perú (que a veces parecen todavía no haber terminado), sino para reconocer que la abyección es posible y late allí donde alguien tiene poder sobre otro, y hay que luchar contra ella.

jueves, 10 de diciembre de 2009

La felicidad y la tristeza


Esta bitácora comenzó a inicios de este año planteándose como un espacio para pensar en un mundo mejor, en una revolución diversa para construir una sociedad más feliz, muchas sociedades más felices. No se pudo. Ha sido un año difícil. Pensé en desaparecer esta bitácora y bajarle los brazos a la revolución pero no, al contrario, ahora sé que la revolución necesaria es más compleja, más diversa de lo que imaginaba al empezar el año. Desde ahora, esta bitácora hablará más de mi revolución personal. De mis pasos hacia eso que este año me costó tanto: entender. Por eso la retomo ahora hablando de la felicidad y la tristeza a partir de una película y un libro que llegaron a mí esta semana: Buenos días, tristeza, de Françoise Sagan y La felicidad, de Agnès Varda (que pueden bajar de aquí).

Bonjour tristesse es la primera novela de Françoise Sagan, publicada en 1954, cuando la autora tenía diecinueve años. La novela transcurre en un verano. Cécile tiene diecisiete años y lleva una vida bohemia junto a su padre que recién entra en los cuarenta y cambia frecuentemente de amante. Son felices, bellos y superficiales. Pasan el verano en un balneario de la Costa azul: el padre, Elsa (amante ocasional) y Cécile, que conoce y se encanta con Cyril, un universitario que veranea en el mismo balneario y que será su primer amante. Pero llega Anne, una mujer sofisticada, intelectual, exigente, y les transforma la vida. O eso parece. Cécile, protagonista y narradora de la novela, es un personaje maravilloso: es incoherente. Admira a Anne pero su conducta la irrita. Quiere que Anne se quede con su padre pero hace todo por evitarlo. Y lo sabe. Se sabe incoherente. Vacila, oscila, se contradice, se arrepiente, y a la vez actúa y sus actos generan consecuencias y lo disfruta y lo sufre: Cécile es real. El padre también es real: reemplaza a Elsa por Anne, decide dejar su vida bohemia por ella, no lo consigue y todo acaba en tragedia. Anne muere y, sin embargo, un tiempo después –y esa es otra maravilla de la novela– todo vuelve a la normalidad, el padre continúa con sus amantes ocasionales, Cécile con su vida superficial y feliz. Anne es un recuerdo, profundo, denso, maravilloso y triste.

Le bonheur, tercera película de la cineasta belga Agnès Varda, se estrenó once años después y se ocupa también de un triángulo amoroso que acaba en tragedia: François está casado con Thérèse, tienen dos hijos y son felices. En un viaje de trabajo, François conoce a Emilie, se enamoran y comienzan una relación. “La felicidad se acumula”, le dice François a Emilie, explicándole que está enamorado de ambas y que no aspira a separarse o a reemplazar un amor por otro. “Si te entristece la dejo –le dice a Thérèse cuando le cuenta de su otra relación– es sólo que sería tonto privarse de vida y de amor”. Thérèse acepta el triángulo (Emilie lo había aceptado desde el inicio), y esa misma tarde muere. Tras el duelo, Emilie ocupa completamente el lugar de Thérèse. La felicidad continúa, solo que Thérèse está muerta.

En Bonjour tristesse, el lector acompaña a Cécile, se identifica con ella: la entiende. Yo, al menos, no puedo condenar ninguno de sus actos o pensamientos, al contrario, me explico a mí mismo a través de Cécile. Hay una versión cinematográfica de la novela (que no he visto), y supongo que presenta una perspectiva distinta, pero en el libro uno se identifica con Cécile y la entiende. Y ella no condena a su padre (¿podría yo condenarlo? ¿podría yo condenar a alguien? ¿con qué derecho moral?), intenta reparar el daño, sólo que ya es muy tarde. En Le bonheur, en cambio, no hay opinión, casi no hay punto de vista: la película sucede sin drama, los personajes no traslucen sus emociones, uno no intuye sus reacciones, no imagina lo que piensan, entonces es uno el que se proyecta, intenta entender qué piensan, qué sienten, por qué ambas mujeres aceptan, qué aceptan, intenta entender. Uno hace (yo, al menos) su máximo esfuerzo por entender y, como consecuencia, se enfrenta a uno mismo. El planteamiento de François acerca de la felicidad acumulándose es estimulante y lógico pero, ¿lo habría él aceptado en Thérèse? Además, si no cabía reemplazar el amor de una mujer por el de otra, ¿por qué, muerta Thérèse, Emilie ocupa exactamente su mismo rol? (Varda muestra ese reemplazo de un modo sutil e impecable con una serie de cuadros en los que la cámara enfoca únicamente las manos de Emilie haciendo exactamente lo que hacía Thérèse al inicio de la película).

Aparecidas en la Francia de los cincuenta y sesenta, estas dos obras muestran, elogian y cuestionan a la vez la libertad amorosa. En ambos casos es el hombre quien decide, una mujer muere y todo se hace irreversible. En ambos casos, tras la muerte, todo sigue igual, la mujer es un rol. Si, como en la novela de Sagan, es un sujeto, se convertirá en un recuerdo intenso, en un aprendizaje. En el caso de Varda no alcanza a ser ni siquiera eso, puede ser reemplazada incluso en su rol de madre. Y son curiosos los títulos: Buenos días, tristeza, y La felicidad: un hombre, dos mujeres, la fidelidad, el placer, la imposibilidad, la muerte y la vida que continúa, sin mayor drama, lo cotidiano. Una novela para leer, una película para ver. Para disfrutar y para intentar entender-se.

miércoles, 9 de diciembre de 2009

miércoles, 7 de octubre de 2009

Disculpe el señor - Joan Manuel Serrat

Disculpe el señor
si le interrumpo, pero en el recibidor
hay un par de pobres que
preguntan insistentemente por usted.

No piden limosnas, no,
ni venden alfombras de lana,
tampoco elefantes de ébano
son pobres que no tienen nada de nada.

No entendí muy bien
si nada que vender o nada que perder,
pero por lo que parece,
tiene usted alguna cosa que les pertenece,

¿Quiere que les diga que el señor salió?
¿Que vuelvan mañana, en horas de visita?
O mejor les digo como el señor dice:
"Santa Rita, Rita, Rita,
lo que se da no se quita".

Disculpe el señor,
se nos lleno de pobres el recibidor
y no paran de llegar,
desde la retaguardia, por tierra y por mar.

Y como el señor dice que salió y tratandose de una urgencia,
me han pedido que les indique yo
por donde se va a la despensa
Y que Dios se lo pagará.

¿Me da las llaves o los echo? Usted verá
que mientras estamos hablando
llegan más y más pobres y siguen llegando.

¿Quiere usted que llame a un guardia y que revise
si tienen en regla sus papeles de pobre?
O mejor les digo como el señor dice:
"Bien me quieres, bien te quiero,
¡no me toques el dinero!"

Disculpe el señor
pero este asunto va de mal en peor,
vienen a millones y
curiosamente, vienen todos hacia aquí.

Traté de contenerles pero ya ve,
han dado con su paradero,
estos son los pobres de los que le hablé,
le dejo con los caballeros
y entiéndase usted.
Si no manda otra cosa, me retiraré.

Si me necesita, llame,
que Dios le inspire o que Dios le ampare,
que esos no se han enterado
que Carlos Marx está muerto y enterrado.

ver el video en YouTube.

viernes, 5 de junio de 2009

Masacre en Bagua: crónica de muchas muertes anunciadas


Que hoy hay una masacre en Bagua es indudable. Tras 54 días de protesta indígena por la protección de sus tierras, esta madrugada el gobierno peruano envió a la policía y al ejército a Bagua a "ordenar" la situación disponiendo francotiradores en los techos y asesinando gente. Se han reportado más de treinta muertes entre civiles (incluyendo niños) y policías. Además, la Vicaría de Jaén está preocupada porque los muertos y heridos civiles están siendo trasladados al cuartel El Milagro.

Saberlo asquea, pero no sorprende. Como yo, muchos imaginábamos que esto iba a suceder. En las semanas previas, mientras el gobierno se ponía intransigente y los medios de comunicación culpaban a los indígenas, esto se veía venir. Pero hoy nos indigna y nos duele, con razón. Pero me pregunto: ¿por qué nos indigna y nos duele que suceda lo que suponíamos que iba a suceder? Y si suponíamos que iba a suceder, ¿por qué lo permitimos? ¿por qué seguimos permitiéndolo? ¿Qué podemos / debemos hacer para que esto empiece a parar de una vez?

Hoy hay una concentración a las 5 pm en la Plaza Francia en Lima (y creo que también en Arequipa). Pero me quedo con las preguntas en la cabeza (las preguntas y la culpa). ¿Pudimos evitarlo quienes imaginábamos que esto, tarde o temprano iba a pasar? ¿Podemos detenerlo ahora? ¿cómo?

Mientras lo pienso, me alisto para ir a la Plaza Francia.

martes, 26 de mayo de 2009

Redoble por Rancas

Nació como campamento minero a casi 4 400 msnm y así se quedó para siempre: contaminada, tóxica, doliente. Pero alrededor de Cerro de Pasco existieron siempre algunas comunidades campesinas, precarias y solitarias. Una de ellas es Rancas, que inspiró la novela Redoble por Rancas, de Manuel Scorza, gracias a un episodio singular: el levantamiento de los campesinos contra la minera Cerro de Pasco Corporation, para recuperar sus tierras, allá por 1962.
Según dicen, la Cerro de Pasco Corporation había ido quitándoles con los años cada vez más tierras a los campesinos, creándoles un cerco que impedía que su ganado pudiera pastorear adecuadamente. Cuando el ganado cruzaba el cerco, los capataces del otro lado impedían el regreso de las vacas, o cosas peores. Hasta que un día, en marzo o abril de ese año, cruzaron el cerco las vacas de Silveria Tufino Herrera, madre soltera de cuatro hijos que cuidaba las vacas de otras, pues no tenía ni tierras ni animales. Entonces un capataz la golpeó y ella, volviendo a su casa, se quejó ante su padre. La gota había derramado el vaso.
En asamblea comunitaria, los campesinos decidieron que ya habían soportado demasiados años, y que ya era hora de recuperar sus tierras. Se organizaron y, hacia finales de abril, llegaron a Huayllacancha (atravesando el cerco todos), donde un grupo de militares intentó pararlos, los campesinos expusieron sus razones, siguieron avanzando y comenzó la lucha entre los campesinos y el ejército (que protegía los intereses de la Cerro de Pasco Co.), finalmente, los militares mataron a Silveria Tufino y a otros dirigentes, algunos otros huyeron, y nadie recuperó sus tierras. Pero, para la historiografía local, recuperaron su dignidad, Manuel Scorza publicó Redoble por Rancas (en honor al hecho) y hasta hoy conmemoran, quizá con más emoción que la fiesta nacional, el 2 de mayo, el día de su revolución.

jueves, 26 de febrero de 2009

Historias de mundos posibles

El foro social mundial, que nació en Brasil en 2001 y se fue extendiendo en el tiempo y el espacio, hasta hacerse policéntrico, nació con un lema: "otro mundo es posible". Quizá sin quererlo, el lema es esperanzador pero incompleto. Expresa que este mundo no nos satisface y es posible cambiarlo, pero es, a la vez, reduccionista: ¿cuál es este mundo? ¿por qué solo es posible otro mundo? El lema del FSM olvida la necesidad de la pluralidad. No necesitamos otro mundo sino otros mundos, muchos mundos, tantos como nos dé la gana, como la imaginación y las necesidades particulares quieran tener.
Por eso es tan interesante el proyecto Stories of Possible Worlds, un proyecto - taller para la narración de experiencias de lucha y cambio social, creado por la Universidad popular de Roma y la Universidad popular de los movimientos sociales, con el apoyo de una serie de instituciones públicas italianas y privadas de varios lugares del mundo.
El proyecto tiene a disposición narraciones escritas, videonarraciones, fotonarraciones y audionarraciones en varios idiomas a través de los cuales pueden verse experiencias de trnasformación social, desde luchas colectivas hasta vidas esperanzadoras y autogestionarias, como para sentir que, efectivamente, otros, muchos, mundos son posibles. Y en estos días, como decimos en la entrada previa, convocan a un estimulante premio de narraciones sobre lucha y cambio social.

Internacional: Convocan premio sobre narración de experiencias de lucha y cambio social



Servindi, 25 de febrero, 2009.- La Universidad Popular de Roma (UPTER) y la Universidad Popular de los Movimientos Sociales (UPMS) convocan al premio internacional de narración: “Historias de Mundos Posibles”. Toda la información sobre el concurso se encuentra en disponible en el sitio web: http://www.powos.org/.La invitación para la edición 2007-2008 del concurso se dirige a todos aquellos que trabajan a favor del cambio social en el ámbito de los derechos humanos y de la democracia. Los trabajos deben ser enviados a los organizadores antes del 8 de marzo del 2009.
La motivación es narrar experiencias que tienen en común la lucha por afirmar los derechos humanos y la democracia, según los principios del Foro Social Mundial (FSM), al cual el premio hace referencia.
Pueden tratarse de campañas o luchas en los distintos ámbitos donde actúan los diversos movimientos y grupos de ciudadanos: el trabajo, la economía solidaria, las minorías, la interculturalidad, el ambiente, la salud, la educación, la justicia, la paz, los servicos públicos, la participación, entre otros.
Las historias deben ser verdaderas y estar referidas a hechos ya concluidos o todavía en curso, que hayan tenido éxito o que no hayan tenido el resultado esperado, incluso aquellas en parte imaginadas y no del todo realizadas, indica la convocatoria.
El concurso es un pretexto para estimular la narración de experiencias de lucha y cambio social, reflexionar sobre ellas, compartir conocimientos e identificar y valorar las nuevas praxis sociales.
Permitirá asimismo crear un archivo de experiencias de movimientos y grupos que trabajan actualmente o de experiencias pasadas pero importantes aún en nuestros días.
El premio “Historias de mundos Posibles” consiste en la publicación de los trabajos más significativos (libro multilingüe y cd rom) y en el apoyo a las luchas que ellos narran, a través de una campaña de difusión y sensibilización de la sociedad civil.

lunes, 9 de febrero de 2009

declaration of principles


We are in need of a revolution. Broken things and dead ends are devouring our world.

This unbound revolution knows that it does not know what a better world is, however, it does believe that it will recognize one when it sees it.

This revolution unites all: the rabid or pacifist, patient or stressed. It is for all who believe that we must make the world a better place and for everyone who has the desire to contribute. We will maintain a profound respect for all, especially for those that we do not agree with and for those who do not agree with us.

The good thing about revolutionaries is their capacity to realize that things are not right, and their commitment to work ceaselessly until they have made the world a better place.

The trouble with revolutionaries is their held conviction in knowing what a better world is.

This little space, like the future of the world, will unfold without preconceived knowledge of what it will or should be, or of where it will go. We hope to take notice along the way and to recognize when we are home.

domingo, 25 de enero de 2009

declaración de principios

El mundo necesita una revolución. Hay demasiadas cosas funcionando mal y demasiadas posibilidades de que las cosas vayan cada vez peor. Lo bueno de los revolucionarios es que siempre se han dado cuenta de qué cosas andaban mal y han decidido trabajar incansablemente hasta hacer un mundo mejor. Lo malo de los revolucionarios es que siempre han creído saber qué cosa es un mundo mejor. La revolución diversa reconoce que no sabe qué es un mundo mejor, pero que sabrá reconocerlo cuando ocurra.
Una revolución diversa reúne a revolucionarios diversos: rabiosos o pacifistas, pacientes o apurados. A todos los que creen que el mundo lo tenemos que hacer mejor nosotros, todos los que tengamos ganas, respeto profundo por quienes no estén de acuerdo con nosotros y alguna herramienta que aportar.
Esta bitácora -como el futuro del mundo-, no sabe adónde va. Pero espera reconocerlo cuando haya llegado.