sábado, 18 de diciembre de 2010

siempre arguedas

Hace algunas semanas encontré un documental de 39 minutos sobre José María Arguedas, a partir de la investigación de Carmen María Pinilla y realizado, hasta donde entiendo, por Rómulo Franco. Más que un gran aporte para entender al autor o su obra, el documental parece un ejercicio de difusión de algunos contenidos (su voz, algunas imágenes o anécdotas de su vida, por lo demás, aparecidas en otros lugares también), pero no deja de ser entrañable escuchar a sus contemporáneos hablando de uno de los mayores intelectuales y hombres peruanos del siglo XX. 
Los aportes de Arguedas a la literatura, la antropología y a la cultura en general en el Perú son a la vez impresionantemente grandes e inexplicablemente poco reconocidos. Más allá de los muchos colegios que llevan su nombre en todo el país, es muy poca la gente que ha leído sus libros, artículos o su fabulosa traducción de Dioses y hombres de Huarochirí. Si existiese la justicia, probablemente José María Arguedas sería considerado el hombre más importante de la historia republicana del Perú, mucho más que Miguel Grau, el actual héroe indiscutido. Pero más allá de reivindicar jerarquías, leer a Arguedas, pensar la sociedad, el Perú, los Andes, el planeta Tierra, a través de Arguedas es un reto intelectual altamente estimulante: Arguedas nunca le temió a situarse en el medio de los nudos y a expresarse desde allí, a interrogarse por todo, a revelarse a sí mismo como principio para acercarse a las cosas, a intentar deshacerse de prejuicios. No creo que sea necesario recordar a Arguedas simplemente para homenajearlo o para recordar sus aportes a las ciencias sociales y a la cultura en el Perú, creo que lo necesario, lo importante, es intentar pensar con Arguedas y a través de él. Actualizar su problemática, resituar su postura abierta, positiva, esperanzada pero también conflictiva y agónica en el Perú de hoy, en el mundo de hoy. Hay que recordar a Arguedas para seguir, con él, construyendo una sociedad en la que "cualquier hombre no engrilletado y embrutecido por el  egoísmo, pued[a] vivir, feliz, todas las patrias".
Dos cosas me sorprendieron y molestaron al ver el documental de la PUCP,  y siento la necesidad de advertirlas para evidenciarlas: el que Máximo Damián no diga una sola palabra en él y el que, en general, no haya nadie hablando en quechua ni ningún testimonio de amistad desde lo indígena.  Es terrible que, se haga un documental sobre la vida de un autor que escribió en castellano y quechua y se expresó siempre como parte de ambos mundos, y se ignore por completo a uno de estos dos. Encuentro en esa falta del quechua, del mundo indígena y de la voz de Máximo Damián, expresada claramente la exclusión contra la que José María siempre luchó. Pese a ello, y con la advertencia hecha, recomiendo ver el documental, que acerca un poquito a este fabuloso hombre que fue José María Arguedas.



sábado, 4 de diciembre de 2010

Si tú quieres

A veces la primavera se hace necesaria. Uno no sabe bien qué busca hasta que lo encuentra. Esta mañana, ver el video de Francois Peglau, oír la canción y ver ese final, no sólo me alegró el día, me hizo (me hace) sentir acompañado. Lo comparto acá, y lo agradezco. 

domingo, 28 de noviembre de 2010

Sedmikrásky, o del cine diverso

Al llamar [revolución diversa] a esta bitácora pensaba, como escribí entonces en la declaración de principios, que el mundo necesita una revolución. Elogiaba el ojo crítico, la buena voluntad y el esfuerzo por cambiar las cosas de los revolucionarios tradicionales, y les criticaba el creer saber “qué cosa es un mundo mejor", lo que los ha llevado siempre a extremismos de resultados lamentables. Proponía, por tanto, un espacio revolucionario que reúna a “todos los que creen que el mundo lo tenemos que hacer mejor nosotros, todos los que tengamos ganas, respeto profundo por quienes no estén de acuerdo con nosotros y alguna herramienta que aportar”. Sigo pensando lo mismo. Ojo, no se trata de la posición cómoda del que respeta todas las posiciones y, en consecuencia, no asume ninguna. No se trata tampoco de lo políticamente correcto (nueva forma de proteger el status quo, de no ofender, de no decir, de no mover). Se trata de cuestionarse y cuestionar permanentemente, sin pensar al otro como un enemigo.
Sin embargo, por hablar de la revolución, no expliqué que esta bitácora piensa el término 'diverso' en dos sentidos a la vez: diverso como plural, múltiple; y diverso como distinto, diferente. Una revolución diversa debe ser plural, apuntar y avanzar en varias direcciones, cuestionarse y reformularse permanentemente y en función a situaciones y/o deseos concretos, debe reconocer que no sabe adónde va, pero debe esforzarse siempre por ir a alguna parte. A la vez, una revolución diversa debe ser diferente, distinta de todas las anteriores, debe construirse a sí misma una y otra vez y desemejarse, tomar distancia de los conceptos y las formas caducas. Hay que buscar siempre –como planteaba Mariátegui–, el germen de lo nuevo en tanto agente cuestionador, revelador, transformador, y a veces eso nuevo revolucionario proviene de la tradición (como en el caso de la utopía andina mariateguista, precisamente), a veces no. Creo, como Derrida, que hay que situarse en el parergon, ni adentro ni afuera (aunque eso sea en la práctica imposible, es una tarea éticamente necesaria); y creo, como Jacques Alain Miller, que hay que hacer signo y huir permanentemente de la insignia, renunciar a la fosilización para seguir vivos, activos. 
He pensado en todo lo anterior tras ver Sedmikrásky, maravillosa película de la cineasta checa Věra Chytilová, estrenada en 1966. La película –siguiendo lo planteado líneas arriba– es una muestra clara del cine diverso: asume su lugar en la multiplicidad de géneros, dialoga con varias tradiciones, explora nuevos caminos del color y el lenguaje cinematográfico, y sigue su propia ruta. Película símbolo de la nueva ola checa, prohibida por el comunismo que la acusó de "atentar contra los cimientos sociales", y bandera del feminismo, el film acompaña una parte de la vida de dos muchachas llamadas Marie (aunque los nombres varían a lo largo de la película en función de sus amantes), desde que descubren la inutilidad de las cosas y deciden que, ya que están perdidas actuarán como perdidas, hasta el ambiguo desenlace, que puede leerse a la  vez como moralizante o subversivo, más aún si uno toma en cuenta la dedicatoria del final.
La película, sin embargo, no presenta ninguna crítica social específica ni tiene una historia lineal, de hecho, casi no plantea ninguna historia en absoluto. Pero presenta, casi nos arroja a la cara, el germen de lo nuevo, de lo plural y de lo distinto a la vez. Dos mujeres protagonistas, jóvenes, bonitas y usándose a sí mismas y al mundo con inteligencia, un mundo en constante transformación, un presente absoluto, límites borrados entre realidad y fantasía, sensualidad, sensorialidad y un cine altamente reflexivo. Una obra maestra. Es imposible no sentirse seducido por la película y, a la vez, es muy difícil particularizar sus bondades. Uno podría mencionar los elementos que acabo de enumerar y algunos otros y, sin embargo, no sería exacto ni suficiente. Y allí, en lo irreductible, está lo realmente revolucionario. El signo que huye de la insignia, lo nuevo que, cuarenta y cuatro años después de su estreno, sigue siendo nuevo porque siendo útil, revelador, cuestionador, transformador. 
Les dejo aquí el tráiler de la película y aquí, una reseña con yapa para los que la quieran ver. Disfrútenla:



sábado, 27 de noviembre de 2010

Buscando un inca


Aprovechando el feriado largo estadounidense he dedicado estos días a leer Buscando un inca. Identidad y utopía en los Andes, de Alberto Flores Galindo. Publicado en 1986 (puede conseguirse  en español aquí y en inglés aquí), es un libro fundamental para quien quiera entender la historia de la sociedad peruana pero, además, tiene una altísima calidad narrativa y claridad de ideas. Un buen plan curricular debería incluir su lectura obligatoria en los últimos años de la secundaria pública y/o en los primeros de la universitaria.
Flores Galindo recorre la historia del Perú, desde la llegada de los españoles, es decir, desde la destrucción del incario, hasta nuestros días, siguiendo la evolución de lo que llama la "utopía andina". Del nacimiento del concepto europeo de 'utopía', su resignificación en los Andes y la invención/reconstrucción de la figura del incario y del Inca como la realización de esa utopía, que tomaría, sin embargo, connotaciones diversas según el lugar, la época y los agentes que tomaron parte en ella: desde la eliminación del hombre blanco y la vuelta a un imposible Tawantinsuyu comunista y homogéneo, hasta la construcción de un Nuevo Perú que resulte de la elaboración original de un nuevo sistema político, capaz de integrar modelos europeos y tradiciones prehispánicas. De algún modo, su libro plantea una historia de las rebeliones en los Andes peruanos, del Taki Onqoy a Sendero Luminoso, que se exige a sí mismo una doble tarea: revelar particularidades tanto como puntos comunes en todos aquellos movimientos. Así, por ejemplo, el mesianismo que imperaba en la España de la reconquista y que se instaló en los Andes peruanos fundando la esperanza en la resurrección del Inkarrí, alcanza también a la figura de Haya de la Torre en el siglo XX, que se presenta a sí mismo y a su partido como los únicos capaces de salvar al Perú. Hay, en fin, mucho pan por rebanar en el libro, pero en esta relectura, hay dos figuras que me llamaron particularmente la atención: Gabriel Aguilar y José María Arguedas.
El quinto capítulo del volumen está dedicado a los sueños de Gabriel Aguilar, muerto en la horca en 1805, junto a Manuel Ubalde en la plaza mayor del Cusco, acusados ambos de conspiradores. Gabriel Aguilar, criollo de Huánuco y lector heterodoxo de la Biblia, creía que el fin del mundo (es decir, de su inversión, de la vuelta al poder de los incas) estaba cerca y que él estaba predestinado a ser un agente del cambio. Su revuelta fue mínima, apenas un intento fallido de tomar un cuartel cusqueño, pero formaba parte de una misión mayor: encontrar a un descendiente legítimo de los incas para restituir el imperio. En el proceso que se le siguió se narraron una serie de sueños (el proceso fue publicado por Carlos Ponce bajo el título de El conato revolucionario de 1805), y Flores Galindo decidió analizarlos. Lo que me parece fabuloso de este capítulo es que se sitúa en los límites mismos de la disciplina: AFG se encuentra más cerca del psicoanálisis y de la crítica literaria (en general, de la hermenéutica) que de la historia, y el resultado es brillante: nos cuenta la historia de personajes mínimos, de los que -hasta donde sé- nadie más se ha ocupado con seriedad, analiza sus contextos, hace una lectura de los símbolos soñados y, a través de ellos, de la época, para luego vincular ese análisis particular (de algo además tan subjetivo y riesgoso como los sueños de un sujeto conflictuado), con su tesis general.
El otro capítulo que me llamó la atención fue el décimo, dedicado al "Perú hirviente de nuestros días", y que inicia con la figura de José María Arguedas. Hay que enfatizar que, si bien esta sección está dedicada explícitamente al escritor, su nombre, su personalidad y su tarea son presencias constantes en el libro. En esta sección, el autor busca leer la utopía andina en Arguedas, tanto en su obra literaria como en su tarea como antropólogo y en su autobiografía, partiendo por las anotaciones manidas: oposición blanco/indio en la que el blanco tiene el poder absoluto y el indio, bueno por naturaleza, es incapaz siquiera de rebelarse, para ir mostrando las complejidades del proceso: el lugar del mestizo, las transformaciones sociales, el deseo,de transformación, la toma de posición y, finalmente, la esperanza frustrada: el "que no haya rabia" arguediano, que contrasta con la rabia que AFG nos ha mostrado a lo largo de su relato y que se repetirá, en mucha mayor proporción, en la década del ochenta. Otra vez, Flores Galindo se sitúa en el límite de su disciplina. Si en el otro capítulo había considerado los sueños para su discurso, ahora lo hace con la literatura, compara no sólo lo escrito por JMA sino también por los críticos literarios sobre su obra y emplea ese material para sus conclusiones sin hacerle perder al escritor su dimensión irreductible. La ficción es compleja y Arguedas es el más complejo de nuestros escritores. Sin embargo, esa misma complejidad es un punto de referencia inevitable para AFG y -debería serlo- para cualquiera que quiera entender el Perú del siglo XX.

Ciudad y cultura

El domingo último, Enrique Planas publicó en El Comercio un artículo llamado “Una ciudad abierta a la cultura”, que elogia el plan cultural de la entrante gestión municipal limeña, desarrollado por Víctor Vich. Planas empieza señalando lo que ya sabemos, que: “[l]a movida cultural limeña ha demostrado, por años, que no necesita de apoyo oficial para florecer. Casi puede decirse que los artistas trabajan a espaldas del Estado, conociendo de este solo trabas burocráticas y cobros absurdos”, para luego decir que “son los museos, los espacios públicos, la oferta cinematográfica, musical, artística o teatral, las instancias que forman ciudadanos más críticos y conscientes de su realidad”. Relata que el municipio de Lima trabajará con las secretarías de cultura de los municipios distritales y que tendrá como prioridades de su gestión: abrir museos a la escuela pública; mudar la pinacoteca municipal al Museo Metropolitano convirtiéndolo en un “gran centro cultural”; recuperar los Munilibros; recuperar la bienal; y gestionar el Teatro Municipal, el Segura y la sala Alzedo. Teniendo en cuenta las políticas culturales de las recientes gestiones municipales, fundamentalmente la de Castañeda, me alegró la noticia y la compartí en mi cuenta de Facebook, donde recibí el comentario de Roberto Bustamante, quien considera erróneo el planteamiento de Vich, para sustentar lo cual me remitió a este post suyo, en el que critica “Horror Miraflores”, un artículo del propio Vich publicado hace algún tiempo en El Comercio, en el marco de un suplemento dominical dedicado a las industrias culturales. Allí fui y este post es el resultado de esa lectura.  
En su artículo, Vich postula la doble necesidad de diseñar planes urbanísticos desde el Estado y de convocar, para ello, a especialistas. El ejemplo que emplea es el mural cerámico diseñado hace dos décadas por Ricardo Wiesse para recorrer la Vía Expresa. En su post, Roberto critica, en primer lugar, el uso del término ‘industria cultural’ por anticuado o desfasado (este punto lo discutiré en otro post), también el supuesto de la “ausencia de políticas culturales”, pero sobre todo la “actitud vertical, de privilegio concedido” que tienen los promotores de la cultura en el país, quienes consideran válida la dicotomía: “los que saben de arte, educación, etc., y los que no”. Roberto se queja –con razón– de que estos promotores, pertenecientes a la minoría más blanca, poderosa y occidental del país, ninguneen a los “nuevos limeños con nuevas sensibilidades” quienes, por fuera del espacio controlado por el Estado,  imponen “su estética, sus gustos, sus valores culturales, ‘chirriantes’, ‘huachafos’, llenos de ‘cascadas y fuentes’. Estética Norkis, si quieres”.
Lo que subyace a la crítica de Roberto es la problematización del término ‘cultura’, y quién y cómo debe plantear y llevar a cabo las políticas y la gestión cultural. Discusión interesantísima y larga que, ojalá, ocupe un lugar central en la nueva gestión. Sin embargo, su crítica tiene al menos dos supuestos gratuitos: que la gestión municipal privilegiará una estética minoritaria, alejada de la de los “nuevos limeños con nuevas sensibilidades”, y que, efectivamente, esos “nuevos limeños”, son radicalmente otros a la minoría que demanda “obras de arte, espacios públicos para la promoción cultural, etc.”.
Como señala Planas, la movida limeña no necesita de apoyo para florecer. Ni en Barranco ni en Callao ni en San Juan de Lurigancho. Sin embargo, ¡cuánto más florecerían esas movidas si tuviesen apoyo!, y qué mejor que gestionar ese apoyo a través del trabajo con las secretarías de cultura de los municipios distritales. Así, cada distrito podrá compartir y coordinar sus propias agendas con las de la municipalidad provincial y, quizás, se consigan precisamente tender puentes entre distintas comunidades de actores del campo cultural. Definitivamente museos, libros y teatro no son todo lo que la ciudadanía necesita en términos de cultura, pero son un gran comienzo, más aún si se abre el espacio para discusiones locales de qué exhibir en esos museos, qué publicar en los Munilibros (y cómo hacer circular esas ediciones por toda la ciudad), y qué poner en esos teatros. Y si, como anuncia Vich, se busca articular municipalidad provincial con distritales, esos “nuevos limeños con nuevas sensibilidades” de que habla Roberto, estarán bastante bien representados a través de los colectivos y grupos que ya existen por toda la ciudad y que, en general, tienen ya articulaciones locales. Ahora bien, es verdad que quienes detentan el poder de la cultura en el Perú pertenecen a una élite altamente discriminatoria del país, pero esa no es una particularidad del campo cultural, es la misma élite que domina todos los otros campos y, precisamente, una apertura municipal a otros actores de la cultura es imprescindible, pero no hay que jugar al ojo por ojo: aunque la minoría elitista rechace las formas que no le pertenecen, si queremos construir ciudadanía, debemos aspirar a un Estado que integre y reconozca tanto las formas de las mayorías como las de las minorías. En eso –la inclusión o no de distintas propuestas y actores– radicará el éxito o fracaso de cualquier política cultural en el Perú. No hay que olvidar que, si bien aún la ausencia de políticas representa políticas por defecto y, en consecuencia, siempre ha habido y habrá políticas culturales, el Perú no es un país que se caracterice por otorgarle un rol central a éstas. Hay que hacerlas integradoras, sí, pero sobre todo, hay que hacerlas. 

domingo, 21 de noviembre de 2010

no escribo

Hace un montón que no escribo en esta bitácora. Apenas si pongo de cuándo en cuándo algunos videos. Y, la verdad, no es que la universidad me haya comido todo el tiempo del mundo, que llegue cansadísimo a casa a dormir o a leer 24 horas al día. No, es flojera pura. En vez de pasarme horas rondando por YouTube podría hacerme algún campito y hablar de algo por esta vía. De las elecciones peruchas que ganó -pese a la conchudísima demora- Susana Villarán, o del ya inesperado Nobel (que no sé por qué pronunciamos nóbel) a Vargas Llosa, o de alguna de las aventuras del sátrapa García. Pero flojera. Flojera. Ya me daré el tiempo. O no. 
Por lo pronto, es evidente que el inglés ha reducido mis adjetivos y me ha llenado de oraciones cortas: adolezco de comas, me relleno de puntos seguidos. Ay (may). Bueh, como se puede -fácilmente- deducir de la línea anterior, hablo solo. Y en perucho. Mucho. Como me paso la vida hablando en inglés o en un castellano rarísimo que acá llaman Español (sí, con mayúscula, acá todo es con mayúscula) y que está lleno de cognados y construcciones raras a las que, sin embargo, no hay que criticar porque EEUU tiene más hispanohablantes que el Perú así que perucho asume calladito nomás; como eso sucede, resulta que cuando no pienso en inglés, tampoco pienso en Español, no siquiera en castellano, pero en peruano. De pronto o manyo o no manyo (en general son los otros los que no manyan o, lo que es lo mismo, no la paran), me digo "yara" antes de cruzar en rojo, juego (desde esta tarde, la verdá) pichanga los domingos, me vengo pa la jato temprano, jameo, en general me soteo, etc. Obvio, todo eso me lo digo pa' mí solito porque habemos como tres peruchos en esta ciudad, que es lo mismo que decir que el Perú no existe, es un invento de Vallejo.
En fin, eso. Disculpen que hoy no haya hablado de nada y los haya hecho llegar hasta acá, hasta esta línea. Disculpe caballero señorita que le haya interrumpido su lindo viaje su linda conversación, y para que no se vaya con las manos vacías, acá le hacemos entrega de este lindo obsequio que le sale gratis por la compra de todo lo anterior, un viejo pero efectivo video de Sumo, esa legendaria que nos dejó el ítalo-escocés crecido en China y argentino por adopción: Gran Luca Prodan:

viernes, 19 de noviembre de 2010

un amigo

Hay músicos a los que admiro profundamente: Prokofieff, Wagner, Spinetta, Ellington, por nombrar solo algunos. Músicos capaces de inventar o reinventar universos, de sacarlo a uno de todas partes para llevarlo uno nunca sabe bien a dónde. Hay otros, no menos capos pero quizá menos complejos, capaces de generarnos un sonido inolvidable, placentero: Cassia Eller, Caetano Veloso, Chabuca Granda, Andrés Soto, Cocteau Twins y muchos otros, a los que recurro de cuándo en cuándo y siempre les encuentro algo que me hace feliz, una melodía, una frasecita, algo que me es suficiente. Pero hay otros que son como amigos del barrio, que a veces hacen las cosas bien y otras veces hacen las cosas mal, pero uno no deja nunca de quererlos. Que dicen cosas o producen sonidos que quizás uno podría (o quisiera poder) producir. Y entonces acompañan, mientras uno es chico y va creciendo y quizá también ellos van creciendo y su música va cerquita de nuestra vida. Nos da lo mismo (me dalo mismo) si el mundo los considera buenos o malos, son mis amigos del barrio, los que siempre que estoy hecho pedazos o necesito un abrazo, una cerveza, una canción, están ahí: Cake, Belle & Sebastian, Miki González, Lou Reed, Calamaro, entre otros. Pero de todos, sin duda el más cercano, el que me acompañó desde el fin de la primaria, con los primeros puchos, las primeras cervezas, las primeras tristezas eternas e innombrables y las ganas, siempre, siempre, de levantarse y seguir ha sido Fito Páez, para cuya música no tengo ninguna objetividad, le debo tanto que jamás podré decir si creo que es un buen o un mal músico, pero sí que es un gran amigo, y que siempre está, como ahora. Gracias, Fito.

sábado, 23 de octubre de 2010

Alegría

"Los niños cantan en el funeral, los niños ríen mientras lloras, los niños cantan en el funeral: ¡Alegría!"

martes, 5 de octubre de 2010

Chile: violencia, memoria y convivencia (I)


En mi clase de Memoria y violencia política en América Latina, discutimos esta noche Reckoning with Pinochet: The Memory Question in Democratic Chile, 1989–2006, reciente libro publicado por Steve Stern y último volumen de su trilogía The Memory Box of Pinochet's Chile. La discusión fue súper interesante (por lo que proponen el libro y la trilogía, por las distintas aproximaciones de los estudiantes, chilenos y de otras nacionalidades, y por la presencia de Steve en su doble rol de autor y profesor) y me dejó algunas preguntas en la retina que quiero compartir acá (por espacio y cansancio solo apunto algunas, en mi cuaderno de notas tengo bastantes más). 
En primer lugar, aunque es imposible reseñar la trilogía aquí (pero pueden seguir estos links para ver una reseña del primer libro: Remembering Pinochet's Chile: On the Eve of London 1998, del segundo: Battling for Hearts and Minds: Memory Struggles in Pinochet's Chile, 1973-1988 y del tercero: Reckoning with Pinochet: The Memory Question in Democratic Chile, 1989–2006), baste decir que Stern describe y analiza con bastante detalle (por eso le tomó tres tomos), el proceso de elaboración de la "caja de la memoria" del Chile de Pinochet, desde el golpe de 1973 hasta la muerte del dictador en 2006. A partir del concepto de memorias personales versus memorias emblemáticas (a la vez colectivas y performativas), el autor recorre experiencias y miradas de todos los bandos y expone las idas y vueltas de los procesos de memoria en Chile (situándolos tanto en sus cambiantes contextos locales como en el contexto internacional), para mostrar los vaivenes y complejidades de un discurso chileno que oscila entre el triunfalismo económico, el desencantamiento político y la latencia de conflictos irresueltos pero que intentan "superarse" por la vía de una reconciliación que no termina de definir sus propios términos (sobre todo en lo que respecta a la relación entre verdad, justicia, negociación, convivencia y lo que Stern llama sinergias conflictivas). 
En fin, algunas de las cosas que aparecieron en el debate de esta noche fueron: ¿en qué medida -dada la forma de la transición chilena, más cercana al continuum que a la ruptura con la dictadura- termina por generar un discurso de continuidad en la memoria emblemática chilena? Es decir, si el discurso de la dictadura era: antes de 1973 el país estaba en crisis, nosotros lo salvamos y todo lo demás fue el costo social necesario, y el discurso de la transición y su voluntad de "convivencia" no rompió radicalmente con el discurso dictatorial de legitimación de la violencia (Pinochet se mantuvo en el poder e inmune, lo mismo que su Constitución de 1980 y la Ley de Amnistía), ¿cómo y hasta qué punto se reconfiguraron o se reconfiguran las memorias de la sociedad?, ¿legitimar que la barbarie de la dictadura tenía una causa (la crisis previa al golpe) no es también legitimar la posibilidad de que se repita? ¿Cómo lidiar con eso? ¿Es el caso chileno un modelo a seguir o a evitar? Evidentemente, no tengo respuesta a ninguna de esas preguntas, pero me parece útil repensar la dirección que viene tomando el tema de la(s) memoria(s) de la violencia política en el Perú en relación al proceso chileno, sobre todo desde que Pinochet dejó la presidencia de Chile, y para eso, la lectura de la trilogía de Stern me parece, sino indispensable, al menos enormemente sugestiva.

jueves, 23 de septiembre de 2010

[ no entender, pero no olvidar ]


"I'll never forgive myself. Even if I want it, I can't". I had a brother, he was 16 or 17 years old. He was taller than I, he was bigger than I, and I said to gim, "Son, brother, you haven't got no working papers, and I am afraid that you will not be able to survive. Come on, take a cjance with me, let's go together." Why did I take him with me? Because I had the working papers, and I though maybe because I gonna go to the right, I kknew people who had their working papers, they gonna go to the right, because the Germans need people in the ghetto, to finish the job, whatever they had to do. He agreed with me. At the same time I said he is built tall, then maybe he gonna have a chance.
When I came to the gate where the selection was, then the Gestapo said to me (I showed him my papers), "You go to the right." I said, "This is my brother." He whipped me over ny head, he said: "He goes to the left." And from this time I didn't see any more my brother... I know it's not my fault, but my conscience is bothering me. I have nightmares, and I think all the time, that the young man, maybe he wouldn't go with me, maybe he would survive. It's a terrible thing: it's almost forty years, and it's still bothering me. I still got my brother on my conscience. God forgive me! (page 33, Interview).  

lunes, 6 de septiembre de 2010

Worlds and Knowledges Otherwise

Acaban de mostrarme el sitio web de Worlds & Knowledges Otherwise y, la verdad es que se ve suficientemente interesante como para compartirlo con ustedes. Pueden visitarlo haciendo clic acá.
Entre las cosas que pueden encontrar visitando el sitio están: Human Rights, Democracy, and Islamic Law (Fall 2004); The Poetics of the Sacred and the Politics of Scholarship (Spring 2006); Post-continental Philosophy (Fall 2006); On Decoloniality (Fall 2007); On the De-Colonial (II): Gender and Decoloniality (Spring 2008). Tá bueno.

domingo, 29 de agosto de 2010

¿Al lado del camino?

Hace algunos meses anuncié que esta bitácora se haría más lenta por algún tiempo, por razones que luego comentaría. Las razones eran bastante pedestres: tuve que trabajar muchísimo para juntar dinero y venir a Madison, Wisconsin-EEUU, donde estoy ahora comenzando una maestría. En teoría (veremos qué dirá luego la realidad) ahora es momento de retomar el blog, y lo único que se me ocurre es pensar qué función tiene, ahora, desde aquí, seguir escribiendo en una bitácora que se llama [revolución diversa]. ¿A qué aspira este blog ahora que vuelvo a la vida académica, tan alejada casi siempre de la vida real? No estoy seguro, pero intuyo que a encontrar, proponer, atender a formas cada vez menos prejuiciosas de creer en mundos posibles y de intentar convertir la realidad en eso que nos gustaría (que me gustaría a mí, debo decir desde mi sitio) que fuese.
En esta ciudad de estudiantes, ciclistas, cooperativas, vegetales gratis, mercados callejeros y demás situaciones raras para el siglo XXI estadounidense (lleno de suburbios, camionetas y malls), y a punto de acabar el verano calurosísimo para comenzar una larguísima temporada de frío, uno se siente completamente privilegiado, aunque no se tenga un dólar en bolsillo. Y entonces abre uno las ediciones digitales de Perú21 o La República y no sabe bien qué pensar, qué sentir con uno mismo. ¿Me gusta estar al lado del camino / fumarme el humo mientras todo pasa? ¿Es por eso que estoy aquí? ¿Se puede estar al lado del camino y en el camino? ¿Estar al lado del camino no es otro modo de estar en el camino? ¿El camino a dónde?

lunes, 9 de agosto de 2010

¿coherencia?

En Prosas apátridas, uno de mis libros favoritos de Julio Ramón Ribeyro, aparece el texto que copio a continuación y que intento, desde hace mucho, repetirme como mantra para no aspirar, infructuosa y quizás injustamente, a exigir de los demás una soñada e imposible coherencia:

31

No hay que exigir en las personas más de una cualidad. Si les encontramos una debemos ya sentirnos agradecidos y juzgarlas solamente por ella y no por las que les faltan. Es vano exigir que una persona sea simpática y también generosa o que sea inteligente y también alegre o que sea culta y también aseada o que sea hermosa y también lea. Tomemos de ella lo que pueda darnos. Que su cualidad sea el pasaje privilegiado a través del cual nos comunicamos y nos enriquecemos.

martes, 3 de agosto de 2010

Otis Redding (y Madison, claro)

Otis Redding fue uno de los más importantes cantantes y compositores del soul. Se hizo lentamente famoso en los sesenta, llegando a competir en popularidad con Elvis y siendo adoptado por los hippies tras el concierto de Monterrey del 65, y murió en diciembre de 1967 cuando su avioneta cayó al lago Monona, en Madison, Wisconsin. Tenía 26 años.

lunes, 26 de julio de 2010

música

Quizás es solo que no entiendo la vida, como la música, pero la disfruto.

viernes, 23 de julio de 2010

un lento retorno

Después de algunos meses de trabajo intenso, un accidente y poquísimo tiempo libre, vuelve -lentamente- el dominio del tiempo propio y, en consecuencia, el retorno a esta bitácora (y a visitar otras, casi tan abandonadas como esta misma). Por lo pronto, anoto esta cita de La Odisea:

Los dioses tejen desdichas
para que a las futuras generaciones
no les falte algo que cantar.

Homero.

jueves, 1 de julio de 2010

Los desaparecidos

Escuché hace poco la canción Los ríos de Omar Camino, sobre los desaparecidos de la guerra interna peruana y me conmovió, así que les dejo el video de una presentación de Camino en Ecuador: 

jueves, 24 de junio de 2010

Nadie escucha, nadie atiende

Hemos violentado la distancia. En medio de tantas comunidades virtuales, hemos olvidado cómo funcionaban las comunidades reales, infinitamente más pequeñas y más íntimas, en las que usábamos menos significantes y les otorgábamos muchos más significados. En las que compartir una canción era cantarla o tararearla con nuestra propia voz, o al menos poner un audífono en el oído del otro, mirándolo a la cara, viendo su reacción ante tal o cual parte de la canción, intercambiando alguna sonrisa, construyendo un momento, un código nuevo, que haría que la canción, años después, en otra ciudad y en otro contexto se convierta en un arma de salvación. Antes. Ahora es hacer embed (como hago yo, aquí, tantas veces) y listo: la canción se convierte en un link, en un video, en un mensaje del que nadie es emisor ni receptor, salvo el emisor original y el último receptor, nos hemos convertido en puentes invisibles. Y lo peor, de cosas que no tienen más sentido que el que les otorgábamos nosotros, así, somos puentes invisibles a través de los cuales circula la nada.

Entre tanto Facebook, Twitter, Tumblr, Flickr y demás redes y comunidades de lo inmediato hemos olvidado el pudor, el silencio, la pausa, la intimidad. Ahora somos absolutos exhibicionistas opinando de todo y para todos, discutiendo con quien quiera que se nos ponga al frente, mostrándoles a todos nuestras fotos, nuestros pensamientos, nuestros actos, nuestros deseos, nuestros cambios de vida, todo, todo es digno de ser mostrado, y como es digno, exageremos, exageramos hasta producir todo el ruido que se pueda y a toda velocidad, nadie se detiene, nadie escucha, se trata únicamente de decir algo fuerte y rápido, y que sea leído por otros, que sonrían (virtualmente) ante lo dicho, que se tomen uno o dos segundos, para sentirnos tranquilos, en paz, parte de algo. Nadie escucha, nadie atiende.

Y en un universo donde todo se expone tan gratuitamente las palabras, las imágenes, los actos, van vaciándose de sentido. Porque la lógica de lo virtual ha trascendido su espacio original y nos persigue en la vida real. También las conversaciones en una mesa de café se han vuelto más rápidas y ligeras y aspiran a la sonrisa fácil y al siguiente tema. También estamos más urgidos por hablar que por oír. También lo hemos banalizado todo.

Hemos querido destruir la distancia para acercarnos y nos hemos alejado mucho más. Estar siempre conectados nos da la ilusión de proximidad. Ahora es posible saber qué comiste, con quién saliste, cuándo, a dónde, quizás incluso por qué, entonces, ¿para qué verte? Y si nos vemos, seguramente ya no me contarás eso que me contaste por Skype, msn, Facebook, Twitter, email o Gtalk, ¿para qué? Y sin embargo, lo más importante, las sensaciones, la densidad de cada instante de nuestras vidas, eso empieza a desaparecer, eso empieza a dejar de contarse, ¿para qué? Para qué hablar de eso si puedes linkear una canción o poner un statement apropiado en alguna red social o, de última, reenviar una cadena en Power Point.

Pero lo grave no son las nuevas tecnologías, somos nosotros. Lo grave es que quisiera haber escrito sólo tres líneas, o dos, que tuvieran la potencia del sonido de una trompeta de jazz, pero todo ha sido tan dicho, tan manido, tan gritado, que pareciera que ya nada valiese la pena. Nos hemos vuelto tan superficiales que duele. Habría que quitarse los lentes y callarse la boca y mirar al frente y ver qué pasa. Intuyo que nos podríamos sorprender.

miércoles, 9 de junio de 2010

Nota al paso

Hace algunos meses trabajo mucho. Corrijo, leo, releo, resumo, sistematizo, escribo cosas mínimas y a pedido. Soy la mano de otro. Soy un puente. No soy. Lo que leo es interesantísimo (aunque posiblemente inútil) y -hoy- me hace pensar en el tiempo, en mi tiempo, y en las palabras que usamos, que escribimos, que decimos, en los montones de impresos que creamos, en los libros, revistas, afiches, volantes que escribimos y difuminamos por la vida. Muchos (como los que veo en estos meses) repletos de información técnica y bien intencionada que, sin embargo, no será leída o comprendida o utilizada salvo raras excepciones. ¿Para qué gastamos tanto tiempo y dinero en esta falsa comunicación? Tantos libros útiles, tanto razonamiento, tanta información, todo tan interesante y no será leído, no será tomado en cuenta. Los poderosos lo decidirán todo al final, sin abrir libros, para bien y para mal.

Al menos, la literatura se sabe absolutamente inútil, y en ello radica su utilidad. No sirve para nada y, sin embargo, salva. Hoy la extraño.

lunes, 31 de mayo de 2010

Viento

La Sarita es una de mis bandas peruchas favoritas de la vida. Sus fusiones son riquísimas, y pasan de la salsa al rock y a la chicha con una facilidad impresionante, además de la potencia que tienen en vivo. Si nunca los han ido a ver o no conocen su música, exploren el YouTube. Por ahora, dejo su versión unplugged de "Viento", el clásico del grupo chichero Celeste (también grabaron una versión rockera estupenda). Enjoy.

lunes, 24 de mayo de 2010

Daniel Johnston


No sería justo decir que Daniel Johnston es un músico casero, que se hizo famoso gracias a Kurt Cobain, tampoco que es un genio o un artista de culto. Seríamos más honestos si dijéramos que Daniel Johnston es uno de nosotros, probablemente más tímido y más certero, pero uno de nosotros. 

Acá va un video para que lo conozcan (si no lo conocen): 

 

Si les gustó, averigüen quién es (hay info sobre él por toda la web y yo, ahora mismo, no tengo tiempo para hacerle una reseña, queda pendiente), y vean esta presentación -increíble (yo sigo con el nudo en la garganta)- acá.

martes, 18 de mayo de 2010

y quizá la vida no se trate de otra cosa que reponer la verdurita




Le pregunta Juan Ortelli a Migue, el hijo de Charly García, por qué hace música, y responde:

"Para aportar al apellido. Esa es mi meta: aportar a mi apellido. Porque éste es un disco que yo hice para las personas que amo. Y yo creo que, como decía Sandro, “los músicos somos como mercaditos”. Anotá: ahora abrí un mercadito al lado del gran shopping que es mi viejo. Si hago unos pesitos, los pongo en la alcancía. Y si él necesita algo, yo voy a tener para reponerle la verdurita".

La entrevista completa acá.

domingo, 9 de mayo de 2010

Caeiro

Falas de civilização, e de não dever ser,
Ou de não dever ser assim.
Dizes que todos sofrem, ou a maioria de todos,
Com as coisas humanas postas desta maneira,
Dizes que se fossem diferentes, sofreriam menos.
Dizes que se fossem como tu queres, seriam melhor.
Escuto sem te ouvir.
Para que te quereria eu ouvir?
Ouvindo-te nada ficaria sabendo.
Se as coisas fossem diferentes, seriam diferentes: eis tudo.
Se as coisas fossem como tu queres, seriam só como tu queres.
Ai de ti e de todos que levam a vida
A querer inventar a máquina de fazer felicidade!

Alberto Caeiro.

lunes, 26 de abril de 2010

torero

Como habrán notado, hace semanas no alcanzo a darme tiempo para postear ningún texto, es que me vi obligado a aceptar muchísimo trabajo (en unos meses notarán el porqué) y en esas ando. Igual, les voy dejando canciones con la esperanza de que, además de escucharlas, busquen los discos, los escuchen y los disfruten, como yo mientras trabajo, porque solo contentos haremos la revolución. 

Ahora, el gran Renato Carosone:  

domingo, 18 de abril de 2010

Canción de Chabuca para Javier Heraud

Todo lo demás



Te vi quemando el pasaporte con rabia / en la fuente de la Plaza Real, / entre fuegos artificiales pobres de pueblo / y palomas que nos ven pasar, / y todo lo demás también.

Parecía el cielo porque estabas conmigo, / todavía soy tu amigo pero te deseo el bien / o lo que quieras, pero por lo que más quieras / no me pises los zapatos de piel, / y todo lo demás también.

Puedo presumir de poco porque todo lo que toco se rompe, / te presté un corazón loco, que se dobla con el viento y se rompe.

Yo te prometí hacer deporte, pero era una mentira para robarte un tal vez, / el fuera-de-juego era evidente, y en la frente me escribí tu nombre por primera vez, / y todo lo demás también.

Puedo resumir un poco porque todo lo que toco se rompe, / te preste un corazón loco, que se dobla con el viento y se rompe.

Y todo lo demás también.

Puedo presumir de poco, porque todo lo que toco se rompe, / hablo de un corazón loco, que se dobla con el viento y se rompe.

Y todo lo demás también.

miércoles, 7 de abril de 2010

[ growing up ]

“La mayoría mata su infancia en la búsqueda de ser perfecto. Empiezan a dejarse llevar por pensamientos horribles que anulan el amor que traían dentro. Y por esa falta de amor se les muere el niño. Dejan de hacer lo que les gusta” Daniel Johnston.

jueves, 1 de abril de 2010

infinita es la música

Como infinita y maravillosa es la música, pego acá algunas canciones preciosas oídas esta mañana feliz:

Mi curruñao, compuesta y cantada por Caitro Soto:



El tamalito, compuesta y cantada por Andrés Soto:



Y María Landó, compuesta por César Calvo y Chabuca Granda y cantada por Pedro Aznar:

lunes, 29 de marzo de 2010

Nos gusta volar estaciones de tren

Dice la leyenda que mientras se demolían las estaciones del tren para construir la Vía Expresa de Bedoya, Los Saicos crearon la canción Demolición para su propio divertimento, y que sólo ante la presión de Rebeca Llave de Dis-Perú (que quedó alucinada tras escucharla al principio de un ensayo), decidieron grabarla en 1964. Lo que vino después (el éxito fulminante de la banda, que llegó a tener su propio programa televisivo, su cambio de disquera, su desaparición inmediata y el olvido en el que estuvieron durante décadas hasta convertirse en banda de culto y, ahora, fundadores oficiales de la escena nacional) es historia. Pero acá les dejo el video de un concierto reciente en Madrid, en el que Erwin Flores (vocalista original de Los Saicos) canta Demolición con la banda Wau y los Arrrgs. La canción suena muy similar a la versión original (que puede fácilmente encontrarse, como las otras once que grabaron, en YouTube).



P.S.: Este viernes 26 de marzo, cerrando el ciclo de conferencias sobre rock latinoamericano, tocaron -luego de más de cuarenta años- juntos Los Saicos en el Centro Cultural Británico. Pueden leer la crónica de Renzo Sánchez aquí, y pego uno de los videos de la reunión (que se hará legendaria, no lo duden), los demás, búsquenlos en YouTube:

sábado, 27 de marzo de 2010

Amor indio - Los Sideral's



Los Sideral's fueron una banda ayacuchana de los sesenta, pionera tanto para las bandas de rock, como para las de fusión y de chicha en el Perú. Sus canciones más famosas en la época fueron sus versiones de Vírgenes del Sol y el Cóndor Pasa (que pueden encontrar aquí, de donde además tomé prestada la foto del inicio), pero quizá su mayor legado fue el aporte de su guitarrista Aquiles Orellana, uno de los primeros en tocar música andina en guitarra eléctrica (por lo que se le considera pionero de la chicha). Su disco Los Sideral's (IEMPSA, 1967) incluye baladas nuevaoleras, canciones surf y cumbias, evidenciando una vez más que en esas épocas los distintos géneros de música popular peruana (rock, huayno y cumbia) no sólo convivían, sino que se entremezclaban permanentemente y es, huelga decirlo, un discazo.

Dejo acá una de mis canciones favoritas: Amor indio. 

miércoles, 24 de marzo de 2010

La música que no escuchamos

Hace unos días una amiga muy querida me envió un video de Martina Portocarrero tras una conversación sobre los vaivenes de la música popular peruana (incluyendo en la conversa nombres fundamentales e ignorados como el de Andrés Soto o el pionero Carlos Baquerizo). Colgué el video enfatizando la importancia de Martina Portocarrero y (sorpresivamente para mí), recibí en los siguientes días varios mails de otros amigos sugiriéndome oír tal o cual otra canción de Martina, así que ahora va este post como homenaje.  

Martina Portocarrero sería para el Perú lo que Mercedes Sosa fue para Argentina, si el Perú no ignorase o discriminase tan fuertemente su cultura popular. Nacida en Nazca de padres ayacuchanos, estudió en el Conservatorio Nacional y en la Escuela de Arte Dramático, antes de convertirse, primero en investigadora de las culturas andinas, y luego en cantante vernácula.

Tras un conflicto entre estudiantes huantinos y la policía nacional por un Decreto Ley del gobierno de Velasco que restringía la gratuidad de la enseñanza, Ricardo Dolorier compuso a fines de los sesenta la canción Flor de retama, que Martina popularizó y que luego, en los años de la guerra interna, devino himno andino contra la guerra. En esa década, sus canciones por la libertad, la fuerza desgarrada de su voz y su histrionismo, la convirtieron en abanderada de la música andina, que cantaba tanto en prestigiosos festivales alrededor del mundo como en ferias locales en la periferia limeña y en los pueblos del interior.

La despolitización y frivolización de la cultura peruana tras el impacto de la guerra interna, la proscribieron, señalándose a sus fans como proterroristas (si no directamente terroristas), pero su música, famosísima en casi todos los Andes peruanos desde hace mucho, sigue intacta, esperándonos.

Pego dos de sus canciones más importantes.



lunes, 22 de marzo de 2010

Platón, Aristóteles y el género

Una de mis quejas recurrentes en conversaciones con amigos es acerca del divorcio entre la academia y la sociedad en Lima. Los profesores universitarios, investigadores y estudiosos (algunos muy interesantes, la mayoría aburridos, repetitivos y conservadores) viven refugiados en sus universidades o centros de investigaciones, desarrollando teorías o -las más de las veces- discutiendo la aplicación de otras ya existentes, acerca de la filosofía, la sociedad, la cultura, el arte, la política y, seguramente, muchos otros temas. Discutiendo en silenciosos cafés o salones sobre Platón o Mariátegui, absolutamente de espaldas a un cotidiano limeño revuelto, dinámico y complejo, en el que los hijos de la antigua burguesía y los de la antigua masa campesina se han ido mezclando hasta hacerse cada vez menos distinguibles (en términos raciales, geográficos, económicos, etc.) y donde, sin embargo, persisten mecanismos coloniales de exclusión (racial, social, económica y de género), que casi nunca hacen parte del trabajo de los profesores, investigadores y estudiosos, salvo cuando se convierten en 'objeto' de estudio, dejando de ser para eso 'sujetos' de acción.

Por eso esta noche salí contentísimo del auditorio del Centro Cultural Británico de Miraflores, donde Laura Balbuena dictó una conferencia llamada "Repensando el canon filosófico desde una perspectiva de género", en la que revisó las ideas de Platón y Aristóteles y su legado, vinculándolas a las reivindicaciones feministas pero, fundamentalmente, a las prácticas cotidianas de exclusión de la sociedad peruana contemporánea; y lo hizo de modo riguroso pero sencillo, de modo que el público asistente (que, en su mayoría no es especialista en estos temas) pudo entender sus puntos de vista y se atrevió a discutirlos, generando un debate interesante. 

En resumen, Laura Balbuena sostuvo que Platón no relega a la mujer, pero, al subordinar el cuerpo a la razón, subordina también lo femenino a lo masculino (tanto en el hombre como en la mujer), con lo que una mujer puede alcanzar los mismos privilegios en la República ideal platónica, en tanto sea desprovista de su femineidad. Aristóteles, en cambio, es quien establece buena parte de los roles masculinos y femeninos que Occidente ha conservado luego por siglos. Sus jerarquías naturales convierten a la mujer en 'naturalmente inferior', a cambio, le permiten (la obligan a) ser femenina. Esto, por supuesto, con matices, pliegues y, sobre todo, consecuencias en la tradición heredera. 

Tras la conferencia, quedé pensando que quizá mis quejas contra la academia son (al menos parcialmente) infundadas, y que quizá lo que hay es un problema de difusión o, peor, que quizás el problema es mío por no ir tan a menudo a esta clase de conferencias. Así que me comprometo a ir más seguido, a difundir los eventos de los que me vaya enterando y, sobre todo, a contarles cuándo y dónde será la próxima conferencia de Laura Balbuena, para que vayan todos a escucharla, porque lo de esta noche fue, además de muy inteligente, muy entretenido.   

domingo, 21 de marzo de 2010

Martina

Martina Portocarrero es una intérprete estupenda y fundamental en el Perú contemporáneo. Lo fue, principalmente, en el Ayacucho de los años ochenta, cantando en contra del miedo y del dolor.

Acá pego una de sus canciones más representativas (no encontré un video, así que va lo que encontré en YouTube, no se fijen en la foto inmóvil), y debajo la letra.


EL HOMBRE

Yo no quiero ser el hombre / que se ahoga en su llanto, / de rodillas, hecho llagas, / que se postra al tirano.
No quiero ser el verdugo / que de sangre mancha al mundo, / ni arrancar corazones / que buscaron la justicia / ni arrancar corazones / que amaron la libertad.

Yo quiero ser como el viento / que recorre continentes, / y arrasar tantos males / y estrellarlos contra rocas.
Yo quiero ser el hermano / que da mano al caído, / y abrazados férreamente / vencer mundos enemigos, / y abrazados férreamente / vencer mundos que oprimen.

Para qué vivir de engaños, hermano, / de palabras que segregan veneno, / acciones que martirizan al hombre / tan sólo por tus caprichos, dinero, / tan sólo por tus caprichos, riqueza.

jueves, 18 de marzo de 2010

Vía central

Hace unos cinco años Cecilia Podestá me comentó uno de sus múltiples proyectos: subir a los micros de Lima, como los vendedores ambulantes, pero llevando, en vez de caramelos y reclamos, poesía. Poesía que hable de caramelos y reclamos. Supe que habló con otros poetas, que escribieron poemas, subieron a los micros e hicieron un libro de intervención. No sé si supe que hicieron un video, recién lo vi hace unas semanas y ahora lo publico acá.   

sábado, 13 de marzo de 2010

Una canción para los tratados comerciales

"Almejas" es una canción del disco Barranca Abajo (1995) de los uruguayos de El cuarteto de Nos, que cuenta la historia de María, José, su negocio de almejas y la apertura de mercados. Qué forma más gráfica de contar qué pasa cuando uno le quita los aranceles a países más grandes que el de uno. Ahí va (y suerte a todos con los TLC).

martes, 9 de marzo de 2010

García Canclini, (des)encuentros posibles y este mundo post-todo



Apunto al vuelo algunas preguntas que anoté leyendo el capítulo quinto de La globalización imaginada (1999), estimulante libro de Néstor García Canclini que analiza las relaciones entre cultura, política, globalización, imaginarios y mercado. El capítulo se llama «Desencuentros entre un antropólogo latinoamericano, un sociólogo europeo y una especialista estadounidense en estudios culturales» y me recordó conversaciones con amigos, debates en congresos y reflexiones personales. Está elaborado como una pequeña crónica sobre tres estudiosos cosmopolitas, sus cuestionamientos y sus limitaciones, y busca revelar y combatir algunos de nuestros prejuicios usuales.

Extraigo algunas de las preguntas más interesantes que el capítulo propone: ¿Es todavía válido –dada la actual composición del mundo globalizado– criticar que América Latina sea pensada desde el exterior? ¿Ha cambiado la noción de distancia? ¿Cómo, en qué se ha convertido? ¿Por qué, en estas épocas de entrecruces culturales, los estudiosos de los países centrales se ocupan mucho más de los periféricos que los periféricos de los centrales? ¿Es válido que estudiosos de los países periféricos estudien la cultura y las sociedades de los países centrales? ¿Por qué no se traduce a lenguas latinoamericanas la gran mayoría de trabajos hechos en inglés sobre América Latina? ¿Por qué no se traduce al inglés la gran mayoría de trabajos hechos en español y portugués sobre América Latina? ¿Por qué, en una época de globalización económica, persiste (y quizá se exacerba) el nacionalismo cultural?

¿Cumplimos algún rol en la transformación social (más allá de hacer funcionar a las instituciones) los que nos dedicamos a la investigación de la literatura, la cultura y la sociedad?

domingo, 7 de marzo de 2010

La ex hacienda San Agustín



Cuando en enero de 2009 nació esta bitácora no tenía un rumbo fijo (todavía no lo tiene, felizmente), pero tenía algunos principios claros: que el mundo necesita una revolución, y que una revolución diversa debe reunir “a revolucionarios diversos: rabiosos o pacifistas, pacientes o apurados. A todos los que creen que el mundo lo tenemos que hacer mejor nosotros, todos los que tengamos ganas, respeto profundo por quienes no estén de acuerdo con nosotros y alguna herramienta para trabajar”. De a pocos, la bitácora adquirió un tono más personal, más íntimo, aunque mantiene los mismos principios y aspira a enterarse y difundir más cosas como A punto de despegar, una exposición fotográfica que es la punta de un iceberg que es el trabajo que durante la última década viene haciendo un grupo de gente en la ex hacienda San Agustín, justo atrás del aeropuerto Jorge Chávez, en el Callao.

La historia es antigua y compleja: San Agustín fue una hacienda perteneciente a la familia Prado, ellos la vendieron al Estado (cuando Prado era presidente) para construir el aeropuerto internacional y, desde entonces, sus pobladores viven bajo amenaza de desalojo. Paralelamente, parte de la hacienda fue entregada en propiedad a los yanacones (trabajadores de la misma), que la han venido administrando desde entonces, mientras se resuelve el lío jurídico de la propiedad de la ex hacienda. Y mientras tanto, el tiempo se detuvo parcialmente en San Agustín: situado a la espalda del aeropuerto y la modernidad que este representa, el lugar sigue siendo un gran predio rural, los pobladores viven fundamentalmente de la agricultura, una de las antiguas maestras sigue viviendo en la –ahora derruida– casa hacienda, y los viejos inmigrantes andinos, costeños y japoneses siguen transmitiendo la memoria de una sociedad que se fue, a sus hijos y nietos, que crecen mezclando la memoria y la vida rural de sus familias y su cotidiano, con la modernidad de la periferia urbana, salsera y chalaca del barrio que los rodea.

El lugar, aunque enorme, está fuera del imaginario limeño y chalaco, y hace casi diez años, un grupo de estudiantes de Literatura de la Universidad de San Marcos, llegaron allí para hacer un trabajo de curso para un Seminario de tradición oral. Conocieron a los habitantes, los entrevistaron, se involucraron con su problemática, se construyeron afectos y la vida les cambió a varios (estudiantes y pobladores). El curso acabó, la universidad también, pero la relación se hizo cada vez más profunda.

De esta relación salieron dos libros, Un libro bien grande donde dice todo lo de la hacienda (2006), preciosa colección de recopilación de tradición oral infantil, editada por Kristel Best Urday en la editorial Sarita Cartonera, y Oía mentar la hacienda San Agustín (2007), estudio y recopilación más amplia de la memoria oral de la ex hacienda, realizada por Elizabeth Lino, Kristel Best Urday, María Gonzales y Alejandro Hernández y que ganó el premio Andrés Bello de Memoria y Pensamiento Iberoamericano en la Modalidad de Memoria Oral de 2006. El libro, editado en Colombia y distribuido en más de una decena de países en Iberoamérica tuvo, por problemas de distribución, escasa difusión en el Perú.

Luego de los libros, Elizabeth Lino realizó talleres de teatro, Lorena Best talleres de fotografía y  Alexis Huaccho realizó El último ayllu, reportaje en video sobre la ex hacienda, que ganó en la categoría de reportaje de los X premios James de la PUCP. El trabajo ha seguido y hace un par de semanas se realizó en San Agustín una exposición de las fotos tomadas por un grupo de niños, además de lanzarse el día de la exposición la Radio Avión, que ojalá pueda continuar.

La intención original de esta entrada era comentar mis impresiones de A punto de despegar, la exposición que estuvo en la ex hacienda hace un par de domingos, pero ya que hice una introducción tan larga, dejo mi reseña sobre la exposición para otro día. Por ahora, recomiendo visitar el blog de la ex hacienda para conocer mejor la problemática, el de la exposición para hacerse una idea de lo que fue, el de Radio Avión, ver El último ayllu, leer Un libro bien grande, (buscar y) leer Oía mentar la hacienda San Agustín, visitar la ex hacienda e involucrarse.

La teta asustada


El inicio de La teta asustada (2009) es sobrecogedor: la pantalla aparece absolutamente oscura, y sólo se oye la voz de una mujer cantando bajito en quechua, con voz dulce y melódica un canto desgarrador, violentísimo, y a la vez desafiante y poético, describiendo la manera en que fue violada. Un canto que es a la vez una declaración. Tras un primer minuto de voz a oscuras, aparece la imagen de la anciana que sigue cantando, echada en su cama, con la cámara muy cerca de su rostro envejecido, el pelo suelto y gris, los ojos cerrados y una cama y una pared desvencijadas. Canta por un minuto más, con la misma triste melodía y ante una cámara que no se mueve de su rostro. Luego, tras su canto, aparece primero una voz más joven y más dulce que le responde, e inmediatamente un rostro que va aproximándose desde la esquina del cuadro hasta ubicarse junto a su madre, en una conversación cantada, dulce, triste y poética que culmina con la muerte pacífica de la madre que me hizo recordar algunos de los cantos en quechua insertos en las novelas de José María Arguedas y que eran, como en esta película, parte central de la estructura de sus novelas.

Esa primera escena es la única que hace referencia explícita a la violencia que origina la trama de la película: una mujer es violada (como muchas) durante la guerra entre Sendero Luminoso y las Fuerzas Armadas peruanas y sufre, a consecuencia de la violación, la enfermedad de la teta asustada, un mal que su hermano explica así: “Ella [su hermana] pues estuvo en el pueblo en la época muy dura. Con el terrorismo nació Fausta y su madre le transmitió el miedo por la leche, la teta asustada, así le dicen a los que nacen así como ella, sin alma, porque del susto se escondió en la tierra”.

La película transcurre desde la muerte de la madre hasta que Fausta –la hija nacida sin alma, temerosa y silenciosa, que vive en casa de sus tíos en una zona pobrísima de la periferia limeña, y que apenas parece poseer dos objetivos en la vida: protegerse de la violencia de los hombres (razón por la cual lleva una papa en la vagina) y llevar el cuerpo de su madre a enterrar en su pueblo natal–, consigue hacerse cargo del cuerpo de su madre, y sale de Lima rumbo a su pueblo, para enterrarla.

La película está llena de referentes de lo popular y lo burgués de Lima: los paisajes de la periferia, los decorados, los diálogos entre los peluqueros homosexuales, el matrimonio masivo y todos los rituales de la fiesta periurbana, así como la soledad de la mujer burguesa, la distancia social que en el Perú es, a la vez distancia cultural y que evidencia un apartheid que solo parece invisible ante los ojos de algunos peruanos, etc., sin embargo exagera estos referentes hasta carnavalizarlos, como hacían los neorrealistas italianos (sobre todo Fellini o el Scola de Nos habíamos amado tanto) o, más cerca, como en el cine de Kusturica (al cual la película me recordó varias veces, aunque el cine de Llosa tiene mucha menos fiesta y velocidad). Sus referentes no son realistas, son sugestivos, poéticos. Pero lo más interesante (o al menos lo que más me gusta) de la película es la función de la música y la lengua. Como en las novelas de Arguedas, las canciones en quechua son el vehículo de comunicación más profundo de la película. Solo entendemos el modo en que la protagonista se relaciona con el mundo a través de sus cantos, que están llenos de símbolos y metáforas: la lengua no es sólo otra lengua, es un puente hacia otro mundo que subyace incluso las actitudes de la familia limeña de Fausta, que ya no es quechuahablante.

La película está repleta de temas explorables para los estudiosos: la significación de la papa, la incomunicación social, la negación del quechua y las relaciones con la violencia política, la extrema pobreza existente e invisible para una Lima que crece económicamente, etc. Pero el tratamiento de estos temas está hecho (y esto parecen no haberlo notado algunos de los que han escrito recientemente acerca de la película) desde la exploración cinematográfica, no desde una ciencia social (para lo cual hubiese servido mejor un documental, si no un paper), ni siquiera desde una pretensión de cine realista o naturalista (además del empleo de la música, un claro ejemplo de que la película no tiene pretensiones realistas es la evidente contraposición entre la mansión limeña en la que Fausta trabaja y el mercado que funciona exactamente afuera de esta: símbolo irreal y verosímil que enfatiza las antagonías sociales de Lima). Lo que hay es, más bien, un cine intimista, sugestivo, que evidencia (como el de Kusturica) grandes problemas sociales pero desde el ojo de la poesía.

La teta asustada (2009), de la que hablé antes en otro post, es una película dura, que cuenta una historia terrible de una manera inteligente y preciosista, y que puede verse online acá. Véanla.

miércoles, 3 de marzo de 2010

Historietas

Reemplace Uruguay por cualquier otro país de Latinoamérica (quizá, si nos ponemos rigurosos, por cualquier país del mundo) y la canción sigue funcionando. Para eso, para que ni Acuamán nade entre la caca, ni a Popeye lo encanen por pelear drogado, es que estamos acá.

lunes, 1 de marzo de 2010

Pueblo maravilloso



Wonderful Town (2007) es una inquietante película tailandesa, escrita y dirigida por Aditya Assarat, y que transcurre en Takua Pa, un pueblo costero al sur de Tailandia, tres años después de haber sido asolado por el tsunami de 2004.

Hay una historia de amor en la película, que ocurre entre Tan, un joven arquitecto llegado de Bangkok, y Na, la muchacha que regenta el decadente hotel en el que Tan se aloja; pero principalmente, la película cuenta historias de desamor: entre Tan y un pasado que desconocemos, entre Na y la vida, entre el hermano gánster de Na (quien, sin embargo, es el único en redimirse al final), y entre Takua Pa (o quizá Tailandia, o quizá los pueblos destruidos por la naturaleza o por la historia) y el tsunami, cuya huella tal vez sea imborrable.

La película tiene pocos diálogos y nos cuenta muy poco acerca de los personajes. Sabemos de ellos lo poco que vemos e intuimos todo lo demás, y esos silencios son los que nos inquietan, los que nos hacen sospechar. La cámara nos muestra escenarios rurales y cotidianos cuya calma, que al principio parece prometedora, tanto para el arquitecto recién llegado como para nosotros, finalmente, tras el ataque a su auto por unos desconocidos y ante el silencio cómplice de Na, esa misma calma nos asusta, nos hace sentir la inminencia del peligro, pero de un peligro que parece consecuencia de un destino trágico, no de una decisión personal. Hacia la mitad de la película Na cuenta que, para su padre, su pueblo tiene gran capacidad de resistencia: “Cuando él era joven –dice–, tenían muchos problemas aquí con la malaria, la mitad de la ciudad murió a causa de ella. Cuando era niña teníamos muchos problemas con las inundaciones, muchas veces teníamos que escapar a las montañas. Y luego pasamos el tsunami, pero parecemos dominarlo siempre”. Tras la película, uno no sabe con certeza qué es lo que consiguen dominar (si es que su padre tenía razón): si la situación o sus sentimientos al respecto.

La destrucción causada por el tsunami es, sin embargo, hasta cierto punto invisible, al menos, parece fundirse con alguna destrucción previa y más profunda, quizá ligada al abandono, a una desesperanza más antigua o a una dureza, también antigua y quizá necesaria. El final, que no contaré para no arruinarles la sorpresa, es trágico: se presentan dos situaciones posibles y sucede una de las dos, pero pudo suceder la otra y el final sería igualmente terrible. Al menos, tras esa escena, viene la última de la película, que muestra a dos niñas bailando y jugando en una azotea, con un cielo maravilloso detrás que, interprétese como se interprete la escena, es de una belleza extraordinaria.

Si quieren ver la película (que no creo que haya llegado ni llegue a salas peruanas), pueden bajarla gratis de acá. Dejo también el trailer:



sábado, 27 de febrero de 2010

No es lo que piensas... es lo que escribes

Por encargo de la editorial estruendomudo!, difundo en mis propios blogs el taller que dictaré desde este miércoles 10 de 7 a 9 pm, en su ciclo de talleres de verano.

El taller se llama No es lo que piensas... es lo que escribes, y tienen toda la información al respecto en este sitio. No pego aquí el afiche por pudor, pero les dejo el programa por si les interesa:

La escritura como seducción
Sesión I:

Introducción. ¿Para qué redactar? Funciones y estructuras de los distintos tipos de textos (técnicos, académicos, ensayísticos, periodísticos y literarios). Relación entre oralidad y escritura. Relación entre autor y lector. Organización de las ideas.
Leer, analizar, clasificar, reseñar y reescribir.

El punto G
Sesión II:

Punto, coma, punto y coma, dos puntos, paréntesis, guión, comillas, signos de interrogación y admiración. Uso de las tildes.
Escribir, corregir, reescribir, sintetizar, ampliar, reescribir.

Gramática eres tú
Sesión III:

Gramática: morfología (léxico, género y número; artículos y adjetivos; pronombres y adverbios; verbos y modos gramaticales), sintaxis (sintagmas y concordancia), semántica y pragmática.
Escribir empleando lo aprendido, corregir y reescribir.

Errar es humano, reincidir...
Sesión IV:

Revisión de los errores más comunes de la redacción y fórmulas para evitarlos.
Leer, escribir, corregir y reescribir.

Poesía en forma de párrafo
Sesión V:

El párrafo como el actor central de la redacción. Tipos de párrafos, Estructura y articulación.
Leer, sintetizar, corregir, reescribir.

Entre Leo Dan y Pedro Navaja
Sesión VI:

Estilos de redacción. Cuándo usarlos y cómo.
Reescribir transformando los estilos, corregir y reescribir.

Sombra aquí y sombra allá
Sesión VII:

Corrección de textos. Corrección ortográfica y de estilo. En qué consiste y cómo se hace.
Corregir, revisar y recorregir los textos finales.

Final del juego
Sesión VIII:

La edición final. Quién la hace y por qué. Límites del autor y del editor.
Edición grupal y presentación de los textos finales.

miércoles, 24 de febrero de 2010

[construir la historia]

"Para los periféricos sigue siendo un imperativo no sólo comprender,
sino también construir la historia".
Carlos García-Bedoya.
Para una periodización de la literatura peruana
(que pueden leer aquí).