sábado, 27 de febrero de 2010

No es lo que piensas... es lo que escribes

Por encargo de la editorial estruendomudo!, difundo en mis propios blogs el taller que dictaré desde este miércoles 10 de 7 a 9 pm, en su ciclo de talleres de verano.

El taller se llama No es lo que piensas... es lo que escribes, y tienen toda la información al respecto en este sitio. No pego aquí el afiche por pudor, pero les dejo el programa por si les interesa:

La escritura como seducción
Sesión I:

Introducción. ¿Para qué redactar? Funciones y estructuras de los distintos tipos de textos (técnicos, académicos, ensayísticos, periodísticos y literarios). Relación entre oralidad y escritura. Relación entre autor y lector. Organización de las ideas.
Leer, analizar, clasificar, reseñar y reescribir.

El punto G
Sesión II:

Punto, coma, punto y coma, dos puntos, paréntesis, guión, comillas, signos de interrogación y admiración. Uso de las tildes.
Escribir, corregir, reescribir, sintetizar, ampliar, reescribir.

Gramática eres tú
Sesión III:

Gramática: morfología (léxico, género y número; artículos y adjetivos; pronombres y adverbios; verbos y modos gramaticales), sintaxis (sintagmas y concordancia), semántica y pragmática.
Escribir empleando lo aprendido, corregir y reescribir.

Errar es humano, reincidir...
Sesión IV:

Revisión de los errores más comunes de la redacción y fórmulas para evitarlos.
Leer, escribir, corregir y reescribir.

Poesía en forma de párrafo
Sesión V:

El párrafo como el actor central de la redacción. Tipos de párrafos, Estructura y articulación.
Leer, sintetizar, corregir, reescribir.

Entre Leo Dan y Pedro Navaja
Sesión VI:

Estilos de redacción. Cuándo usarlos y cómo.
Reescribir transformando los estilos, corregir y reescribir.

Sombra aquí y sombra allá
Sesión VII:

Corrección de textos. Corrección ortográfica y de estilo. En qué consiste y cómo se hace.
Corregir, revisar y recorregir los textos finales.

Final del juego
Sesión VIII:

La edición final. Quién la hace y por qué. Límites del autor y del editor.
Edición grupal y presentación de los textos finales.

miércoles, 24 de febrero de 2010

[construir la historia]

"Para los periféricos sigue siendo un imperativo no sólo comprender,
sino también construir la historia".
Carlos García-Bedoya.
Para una periodización de la literatura peruana
(que pueden leer aquí).

viernes, 19 de febrero de 2010

[ la alegría ]

Cuando hace unos días escribí: "Ya volverá la alegría y ese gol que tanto necesitas. Ya volverá ese abrazo de gol. Siempre vuelven", pensaba en la metáfora del gol, en esa fiesta que a veces le explota a uno en el alma, con o sin razón. No imaginaba que la metáfora se haría frase literal y esta noche Alianza Lima (disculpen la pasión) jugaría el partido que siempre esperé que jugase: arrasó al campeón de la Libertadores, le anularon un gol legítimo, no le cobraron un penal evidente, comenzaron ganándole a los 8 segundos, y acabó goleando 4-1.

Pego el video porque grafica los goles que tanto necesita uno a veces, y los maravillosos abrazos de gol. Disculpen el post, yo sé que no vienen a este blog a leer sobre fútbol, pero yo no estoy hablando de fútbol. Me da lo mismo si eliminan pronto a Alianza o si hace un pésimo campeonato a partir de ahora. Yo estoy hablando de la metáfora, de que a veces va todo mal y a veces, cuando uno menos lo espera, el milagro sucede y a uno todo le sale bien, extraordinariamente bien. Yo me conformo con que Alianza juegue así una vez cada veinte años. Yo me conformo con que mi vida tenga días así de felices una vez a las quinientas. A mí, con eso me alcanza para la esperanza.


miércoles, 17 de febrero de 2010

Lemebel



Alguna vez escribiré un post sobre lo que pienso del corrosivo y entrañable Pedro Lemebel. Por ahora, los dejo con este encantador post sobre una conferencia suya en Buenos Aires, escrito por Nicolás Rodríguez Galvis y publicado recientemente en la Bitácora de la revista El Hablador.

lunes, 15 de febrero de 2010

El pasado sigue cambiando

"Le preguntan a Radio Armenia: '¿Se puede predecir el futuro?' Respuesta: 'Sí, eso no es un problema. Sabemos exactamente cómo será el futuro. Nuestro problema es el pasado, que sigue cambiando".

Geoffrey Hosking en "Memory in a Totalitarian Society: the Case of the Soviet Union", citado por María Jesús Buxó i Rey en Historia y fuente oral N°9.

domingo, 14 de febrero de 2010

A veces es así

A veces es así. Lo tenías todo planeado, todo pintaba bien y no salió. Algo se cruzó en el medio: una noticia (buena o mala), un día de sol que te llevó a la playa o a la envidia de la playa, un día de frío que te llevó al encierro o a la tristeza. O peor, salió y no cambió nada. Eso que esperaste por meses llegó cuando era innecesario o irónico, o -si todavía lo esperabas- cuando no tenías nadie alrededor con quién celebrar, y entonces te entristeció. Lograste eso que intentaste con tanto ánimo y no sirvió para nada, se deshizo como una burbuja y te tiró abajo. Y a veces te sientes destruido, cansado, inútil. Sientes que no va más, que quieres que alguien te baje de este tren. A veces es así. 

Pero no siempre es así, la revolución es infinita e imposible y está hecha de estas cosas. Ya volverá la primavera y los ánimos y la sonrisa gratuita y esperanzada. Ya volverá la alegría y ese gol que tanto necesitas. Ya volverá ese abrazo de gol. Siempre vuelven. Busca una canción y escúchala, y respira. Y agradece el sol y la esperanza de la esperanza. "Mañana es mejor", decía Spinetta. Mañana es mejor.

jueves, 4 de febrero de 2010

El dolor pasa de moda



Haití ya no está en el ojo de la tormenta. Ya nos afectó, ya reenviamos correos enfatizando cuánta pena nos daba, ya mandamos un par de chompitas por si acaso. Ya podemos estar tranquilos y olvidar (otra vez, como siempre) la pobreza y el dolor ajenos. La ayuda comienza a irse pero los haitianos y el desastre se quedan. Igual hay que seguir pagándole al FMI con el dinero con el que debieran recuperarse los haitianos porque deudas son deudas y no hay terremoto que valga.

Pero usted quédese tranquilo que ganó el Aurich. Vea Magaly, comente la candidatura de Bayly, páguele un sencillo al tombo cuando maneje borracho o se pase una luz roja que ya todos sabemos que el criminal es siempre el otro, y no olvide decirle a su empleada que ya se puede servir y que almuerce aparte, en la mesita de la cocina, como siempre.

No se preocupe por los campesinos que se morirán de hambre y frío en los Andes en un par de meses. Ya nos enteraremos por la televisión cuando suceda, ya habrá tiempo para condolerse y mandarles un buen par de chompitas.

Usted compre, usted celebre, usted váyase a disfrutar a la playa, usted no se preocupe que la economía está creciendo y esos que bloquean carreteras y marchan al Congreso o a la PCM lo hacen de puro cargosos, porque les gusta quemar llantas y captar la atención. Ellos, como usted, van al sur y pagan un alquiler en Miraflores y tienen vacaciones y economía en crecimiento. Lo que quieren es desestabilizar al país, con lo bien que está. Con lo bien nutridos y educados que estamos toditos los peruanos.

Usted tranquilo. Haití ya pasó. Pisco también. Todo está bien allá afuera, en todas las fronteras, en todos los rincones, la crisis ya va pasando. Y si hay algún problema llame usted a serenazgo. Usted disfrute, la vida es ahora. El fin del mundo les toca a los otros. Que se jodan.

Imagen sacada de acá.

martes, 2 de febrero de 2010

Água viva: la fluidez del instante



Água viva (1973), es un largo y maravilloso monólogo de ficción, cuya clasificación discute la crítica literaria: algunos consideran al libro como un denso poema en prosa, otros como una novela corta y sin anécdota y otros lo definen con el extraño nombre de fisura literaria, por el desafío a los géneros tradicionales que plantea y por los desafíos personales, profundos, que subyacen al resquebrajamiento de géneros y moldes. El libro comienza con este epígrafe de Michel Seuphor:

"Tendría que existir una pintura totalmente libre de la dependencia de la figura –del objeto– que, como la música, no ilustre ninguna cosa, no cuente ninguna historia ni lance mito alguno. Tal pintura se contentaría con evocar los reinos incomunicables del espíritu, donde el sueño se transforme en pensamiento, donde el trazo devenga existencia."
La protagonista, pintora que escribe el monólogo, no tiene otra preocupación que esa, independizar su pintura, su escritura, de la cosa, de la referencia, del contenido. Así, el libro no cuenta nada, recorre sensaciones, transcurre: “Es como una alegría tan profunda. Es un gran aleluya. Aleluya, grito yo, aleluya que se funde con el aullido humano más oscuro de dolor de separación, pero es un grito de felicidad diabólica”. Esas son las primeras líneas del libro, que alterna entre la autointerrogación de la protagonista, que pasa de la primera a la segunda persona, y que permanentemente evalúa su propia vida, sus circunstancias, casi desde una posición mística, como cuando escribe:

“Este instante es. Usted que me lee es.
Me cuesta creer que moriré. Porque estoy burbujeante en una frescura rígida. Mi vida será larguísima porque cada instante es. La impresión es que estoy por nacer y no lo consigo.
Soy un corazón latiendo en el mundo.
Usted que me lee ayúdeme a nacer.
Espere: está oscureciendo. Más.
Más oscuro.
El instante es de una oscuridad total.
Continua”.
El libro, que es circular y está lleno de repeticiones y vaivenes, es la revelación constante de una voz sorprendida ante la existencia, ante el paso del tiempo, ante la belleza, ante el hecho de ser. Es una voz a la vez sabia y humilde, a la que es imposible no seguir, no disfrutar. Sigo citando:

“Yo, que fabrico el futuro como una araña diligente. Y lo mejor de mí es cuando nada sé y fabrico no sé qué. He ahí que de repente veo que no sé nada. ¿El filo de mi navaja se está quedando ciego? Me parece que lo más probable es que no entienda por qué lo que veo ahora es difícil: estoy entrando astutamente en contacto con una realidad nueva para mí y sobre la que todavía no tengo pensamientos correspondientes, y mucho menos todavía, alguna palabra que la signifique. Es más como una sensación detrás del pensamiento”.
A diferencia de sus otros libros, en Água viva, Clarice Lispector no va hacia ninguna parte. El libro es la búsqueda de atravesar las palabras para mostrar algo más profundo, es un libro para ser atravesado, más que leído, es una exaltación del ser y del tiempo, es un agradecimiento por estar vivo y ser parte de la continuidad universal, inexplicable, y a la vez es un ejercicio riguroso de conciencia, es un cuestionamiento permanente e indesmayable acerca de uno mismo, de la importancia de ser.

Lo leí con pasmo y con maravilla por primera vez hace unos cinco años. Desde entonces, lo he leído una y otra vez, con fruición, con alegría y con terror, para recordarme la intensidad de lo que significa –para bien y para mal– estar vivo. Es uno de esos libros utilísimos para estudiar lo que significa la literatura contemporánea, los límites entre géneros, entre ficción y no ficción, entre discursos fragmentarios, totalitarios y de ruptura, y un largo etcétera, pero principalmente es un libro para liberarse de uno mismo y ser. Acabo recomendando encarecidamente que lo lean y citando esta línea perfecta: “Ahora es un instante. ¿Usted lo siente? Yo lo siento”.

La teta asustada: entre la vergüenza necesaria y el peligroso ‘orgullo’ nacional



Hace unas horas se confirmó la nominación al Óscar de La teta asustada (2009), el segundo largometraje dirigido por Claudia Llosa, y ya comienzan a desperdigarse por la red, además de las lógicas muestras de alegría, otras de un peligroso ‘orgullo nacional’.

La vergüenza necesaria
La teta asustada es una estupenda película que narra con inteligencia el trauma generado por las violaciones sexuales perpetradas durante el horror del conflicto interno que asoló parte del Perú en los ochenta, en una guerra en la que militares y terroristas combatieron vergonzosa y abusivamente contra la población.

El tema es políticamente agudo porque el Estado peruano aún no reconoce que la violación sexual (ni los abusos en general) no fueron excesos individuales sino prácticas sistemáticas de los militares, y las mujeres, los campesinos, sus familias, que fueron vejados y humillados por terroristas y por el Estado siguen en la misma situación: para sus víctimas, el dolor de la guerra no ha terminado, el tema sigue irresuelto. También es socialmente álgido porque gran parte de la población peruana considera que, dado que los militares alcanzaron a controlar la situación y destruir a las organizaciones terroristas, la violencia estatal se justifica y qué más dan unos cuántos muertos y unas cuántas mujeres violadas si el país ha recuperado el orden, sobre todo si esos muertos, desparecidos y vejados son campesinos y quechuahablantes. Y era cinematográficamente difícil de lograr, porque no es sencillo hacer verosímil el horror en una película.

Salò, una película emblemática sobre los extremos del poder (y no hay poder más extremo que el control de la sexualidad del otro, que la vejación sexual), recurre a lo grotesco, al uso del ridículo, al asco como forma de control, como dije en un post anterior. Una mujer en Berlín (2008), reciente película alemana basada en las memorias de Martha Hillers sobre las violaciones sexuales durante la ocupación rusa de Berlín, recurre a la dureza de los gestos, a la escenografía de la destrucción, y al sarcasmo, a las conversaciones cotidianas entre mujeres, desgarradoras por inverosímiles, por excesivas. La teta asustada es sugestiva porque está llena de silencios e incomprensión. Uno no entiende el temor porque, precisamente, el horror, el miedo son –tienen que ser– incomprensibles. Así, la película provoca empatía y vergüenza. Lo que la película muestra es la incomprensión de dos mundos que conviven, superpuestos y rechazándose mutuamente, en el Perú de hoy, y que una enorme cantidad de peruanos no se atreve a ver.


El peligroso ‘orgullo’ nacional
La primera película de Claudia Llosa, Madeinusa (2006), causó polémica. Fue muy bien recibida por la crítica especializada, generó mediana expectativa en los cines y luego, fue despedazada por la crítica no especializada, con el argumento fundamental de ofrecer una visión falseada, prejuiciosa y ofensiva de lo indígena y lo andino.

La película inventa un espacio (el pueblo donde se desarrolla, Manayaycuna) y un tiempo (el ‘tiempo santo’ que transcurre entre la muerte y la resurrección de Jesús), para naturalizar conductas que en circunstancias normales sería condenables, fundamentalmente el incesto. Es una película sorprendente por lo bien lograda, en escenarios, dirección y actuaciones (a excepción de Salvador, personaje limeño mal planteado y mal actuado), que fue elogiada por su técnica y cuestionada por su contenido.
La polémica (resumida aquí) sirvió para evidenciar que a un sector importante de la población y de los comunicadores les incomoda enfrentar tabúes. ¿No es violenta la sociedad peruana? ¿No está llena de rituales, prejuicios y tabúes? ¿No intentamos burlarlos permanentemente y a escondidas? ¿No es así la humanidad en general? Buena parte de la gente que criticó duramente a Madeinusa no era capaz de ver en ella una metáfora acerca de las sociedades o la humanidad, para ellos se estaba hablando de indígenas peruanos, y mostrarlos como ignorantes y corrompidos era ofensivo. El ataque venía cargado del peor nacionalismo.

La teta asustada, en cambio, ganó el Oso de oro de la Berlinale antes de su estreno en el Perú y, en consecuencia, se hizo incuestionable, un ‘triunfo peruano’, un ‘orgullo nacional’, como Juan Diego Flórez, Kina Malpartida, Sofía Mulanovich o los hermanos Cori. Todos, esfuerzos personales al margen del apoyo estatal que ni estimula ni protege a la industria cinematográfica nacional ni a ninguna otra actividad, excepto las que solo puedan ser efectuadas por grandes capitales multinacionales pero que, en cambio, se enorgullece de logros personales de peruanos y se arroga el derecho de celebrarlos como cuestión de estado. El orgullo (y esto es lo peligroso) también viene cargado del peor nacionalismo.

Como al estrenarse en el Perú ya venía precedida de varios reconocimientos internacionales, que se completan hoy con su nominación al Oscar, la película ha sido poco criticada y, en general, superficial y favorablemente. Es que, por el contexto actual (el del país y el de la película), es mejor centrarse en el ‘orgullo’ de obtener un Oso de oro, ser nominado al Oscar, tener a una joven y reconocida directora como Claudia Llosa, y una brillante actriz como Magaly Solier, que detenerse a analizar y debatir todo lo que puede inferirse de su contenido: los traumas de la guerra en una gran cantidad de los ciudadanos que habitan el Perú de hoy, los hijos de la violencia, del dolor, de la humillación que hoy estudian, trabajan, recorren el país y que siguen siendo víctimas del apartheid que hace que los blancos jóvenes de este país traten de usted a los blancos adultos pero tuteen a mestizos y a cholos, que sobreviva y a niveles tan extendidos la servidumbre casera y que mantenga símbolos tan violentos como el que las empleadas deben usar uniformes que las distingan (no se vaya alguien a confundir) y comer a una hora distinta que la familia a que sirve, en un lugar distinto y, a veces, incluso una comida distinta y con un menaje distinto.

Ese apartheid debe avergonzarnos como debe avergonzarnos la guerra interna, causada, entre otros motivos, precisamente por esa brutal exclusión, esa brutal sensación de que el otro: el cholo, el blanco, el pobre, el rico, según, no es semejante a mí, salvo que reciba un premio internacional. Entonces sí, los conservadores radicales que preferirían que no se hable de traumas como el de la teta asustada (bautizado así por la antropóloga Kimberly Theidon, entrevistada al respecto aquí) hablarán del orgullo del talento nacional; los progresistas miopes que consideran que la visión de Llosa es prejuiciosa y ofensiva, preferirán elogiar la actuación de Magaly Solier, una ayacuchana 'verdadera'; y el espectador común se alegrará temporalente de este éxito 'nacional' sin detenerse a pensar que el que esta película sea la primera en la historia del cine peruano en conseguir un Oso de oro y una nominación al Oscar, si bien habla bien de ella, habla muy mal del cine nacional, del apoyo estatal y del apoyo del público.      

Me asusta el ogullo nacional porque me asusta el nacionalismo. Los nacionalismos siempre imponen una idea de lo nacional que debe defenderse a costa de todo y de todos. En el fondo, fue en nombre de la idea del Perú que tanto Sendero Luminoso como el MRTA y las Fuerzas Armadas asesinaron y vejaron a decenas de miles de peruanos. Y es en nombre de lo nacional, que nacen y se fortalecen los odios contra los que no pertenecen a nuestra nación o peor, contra los que, perteneciendo, no la representan. 

Personalmente, me alegra que La teta asustada exista, no porque sea una película peruana, sino porque es una buena película. No me enorgullece que sea nominada al Oscar porque no soy parte de su éxito. Con mis impuestos el Estado peruano no impulsa el cine nacional ni los peruanos solemos apoyarlo con nuestra taquilla. Lo que sí espero, es que la película sirva para discutir el horror de las violaciones, de la guerra, y de ese apartheid silencioso y vergonzoso que se vive en el Perú y que, gracias a estos premios, La teta asustada revela al mundo.