lunes, 29 de marzo de 2010

Nos gusta volar estaciones de tren

Dice la leyenda que mientras se demolían las estaciones del tren para construir la Vía Expresa de Bedoya, Los Saicos crearon la canción Demolición para su propio divertimento, y que sólo ante la presión de Rebeca Llave de Dis-Perú (que quedó alucinada tras escucharla al principio de un ensayo), decidieron grabarla en 1964. Lo que vino después (el éxito fulminante de la banda, que llegó a tener su propio programa televisivo, su cambio de disquera, su desaparición inmediata y el olvido en el que estuvieron durante décadas hasta convertirse en banda de culto y, ahora, fundadores oficiales de la escena nacional) es historia. Pero acá les dejo el video de un concierto reciente en Madrid, en el que Erwin Flores (vocalista original de Los Saicos) canta Demolición con la banda Wau y los Arrrgs. La canción suena muy similar a la versión original (que puede fácilmente encontrarse, como las otras once que grabaron, en YouTube).



P.S.: Este viernes 26 de marzo, cerrando el ciclo de conferencias sobre rock latinoamericano, tocaron -luego de más de cuarenta años- juntos Los Saicos en el Centro Cultural Británico. Pueden leer la crónica de Renzo Sánchez aquí, y pego uno de los videos de la reunión (que se hará legendaria, no lo duden), los demás, búsquenlos en YouTube:

sábado, 27 de marzo de 2010

Amor indio - Los Sideral's



Los Sideral's fueron una banda ayacuchana de los sesenta, pionera tanto para las bandas de rock, como para las de fusión y de chicha en el Perú. Sus canciones más famosas en la época fueron sus versiones de Vírgenes del Sol y el Cóndor Pasa (que pueden encontrar aquí, de donde además tomé prestada la foto del inicio), pero quizá su mayor legado fue el aporte de su guitarrista Aquiles Orellana, uno de los primeros en tocar música andina en guitarra eléctrica (por lo que se le considera pionero de la chicha). Su disco Los Sideral's (IEMPSA, 1967) incluye baladas nuevaoleras, canciones surf y cumbias, evidenciando una vez más que en esas épocas los distintos géneros de música popular peruana (rock, huayno y cumbia) no sólo convivían, sino que se entremezclaban permanentemente y es, huelga decirlo, un discazo.

Dejo acá una de mis canciones favoritas: Amor indio. 

miércoles, 24 de marzo de 2010

La música que no escuchamos

Hace unos días una amiga muy querida me envió un video de Martina Portocarrero tras una conversación sobre los vaivenes de la música popular peruana (incluyendo en la conversa nombres fundamentales e ignorados como el de Andrés Soto o el pionero Carlos Baquerizo). Colgué el video enfatizando la importancia de Martina Portocarrero y (sorpresivamente para mí), recibí en los siguientes días varios mails de otros amigos sugiriéndome oír tal o cual otra canción de Martina, así que ahora va este post como homenaje.  

Martina Portocarrero sería para el Perú lo que Mercedes Sosa fue para Argentina, si el Perú no ignorase o discriminase tan fuertemente su cultura popular. Nacida en Nazca de padres ayacuchanos, estudió en el Conservatorio Nacional y en la Escuela de Arte Dramático, antes de convertirse, primero en investigadora de las culturas andinas, y luego en cantante vernácula.

Tras un conflicto entre estudiantes huantinos y la policía nacional por un Decreto Ley del gobierno de Velasco que restringía la gratuidad de la enseñanza, Ricardo Dolorier compuso a fines de los sesenta la canción Flor de retama, que Martina popularizó y que luego, en los años de la guerra interna, devino himno andino contra la guerra. En esa década, sus canciones por la libertad, la fuerza desgarrada de su voz y su histrionismo, la convirtieron en abanderada de la música andina, que cantaba tanto en prestigiosos festivales alrededor del mundo como en ferias locales en la periferia limeña y en los pueblos del interior.

La despolitización y frivolización de la cultura peruana tras el impacto de la guerra interna, la proscribieron, señalándose a sus fans como proterroristas (si no directamente terroristas), pero su música, famosísima en casi todos los Andes peruanos desde hace mucho, sigue intacta, esperándonos.

Pego dos de sus canciones más importantes.



lunes, 22 de marzo de 2010

Platón, Aristóteles y el género

Una de mis quejas recurrentes en conversaciones con amigos es acerca del divorcio entre la academia y la sociedad en Lima. Los profesores universitarios, investigadores y estudiosos (algunos muy interesantes, la mayoría aburridos, repetitivos y conservadores) viven refugiados en sus universidades o centros de investigaciones, desarrollando teorías o -las más de las veces- discutiendo la aplicación de otras ya existentes, acerca de la filosofía, la sociedad, la cultura, el arte, la política y, seguramente, muchos otros temas. Discutiendo en silenciosos cafés o salones sobre Platón o Mariátegui, absolutamente de espaldas a un cotidiano limeño revuelto, dinámico y complejo, en el que los hijos de la antigua burguesía y los de la antigua masa campesina se han ido mezclando hasta hacerse cada vez menos distinguibles (en términos raciales, geográficos, económicos, etc.) y donde, sin embargo, persisten mecanismos coloniales de exclusión (racial, social, económica y de género), que casi nunca hacen parte del trabajo de los profesores, investigadores y estudiosos, salvo cuando se convierten en 'objeto' de estudio, dejando de ser para eso 'sujetos' de acción.

Por eso esta noche salí contentísimo del auditorio del Centro Cultural Británico de Miraflores, donde Laura Balbuena dictó una conferencia llamada "Repensando el canon filosófico desde una perspectiva de género", en la que revisó las ideas de Platón y Aristóteles y su legado, vinculándolas a las reivindicaciones feministas pero, fundamentalmente, a las prácticas cotidianas de exclusión de la sociedad peruana contemporánea; y lo hizo de modo riguroso pero sencillo, de modo que el público asistente (que, en su mayoría no es especialista en estos temas) pudo entender sus puntos de vista y se atrevió a discutirlos, generando un debate interesante. 

En resumen, Laura Balbuena sostuvo que Platón no relega a la mujer, pero, al subordinar el cuerpo a la razón, subordina también lo femenino a lo masculino (tanto en el hombre como en la mujer), con lo que una mujer puede alcanzar los mismos privilegios en la República ideal platónica, en tanto sea desprovista de su femineidad. Aristóteles, en cambio, es quien establece buena parte de los roles masculinos y femeninos que Occidente ha conservado luego por siglos. Sus jerarquías naturales convierten a la mujer en 'naturalmente inferior', a cambio, le permiten (la obligan a) ser femenina. Esto, por supuesto, con matices, pliegues y, sobre todo, consecuencias en la tradición heredera. 

Tras la conferencia, quedé pensando que quizá mis quejas contra la academia son (al menos parcialmente) infundadas, y que quizá lo que hay es un problema de difusión o, peor, que quizás el problema es mío por no ir tan a menudo a esta clase de conferencias. Así que me comprometo a ir más seguido, a difundir los eventos de los que me vaya enterando y, sobre todo, a contarles cuándo y dónde será la próxima conferencia de Laura Balbuena, para que vayan todos a escucharla, porque lo de esta noche fue, además de muy inteligente, muy entretenido.   

domingo, 21 de marzo de 2010

Martina

Martina Portocarrero es una intérprete estupenda y fundamental en el Perú contemporáneo. Lo fue, principalmente, en el Ayacucho de los años ochenta, cantando en contra del miedo y del dolor.

Acá pego una de sus canciones más representativas (no encontré un video, así que va lo que encontré en YouTube, no se fijen en la foto inmóvil), y debajo la letra.


EL HOMBRE

Yo no quiero ser el hombre / que se ahoga en su llanto, / de rodillas, hecho llagas, / que se postra al tirano.
No quiero ser el verdugo / que de sangre mancha al mundo, / ni arrancar corazones / que buscaron la justicia / ni arrancar corazones / que amaron la libertad.

Yo quiero ser como el viento / que recorre continentes, / y arrasar tantos males / y estrellarlos contra rocas.
Yo quiero ser el hermano / que da mano al caído, / y abrazados férreamente / vencer mundos enemigos, / y abrazados férreamente / vencer mundos que oprimen.

Para qué vivir de engaños, hermano, / de palabras que segregan veneno, / acciones que martirizan al hombre / tan sólo por tus caprichos, dinero, / tan sólo por tus caprichos, riqueza.

jueves, 18 de marzo de 2010

Vía central

Hace unos cinco años Cecilia Podestá me comentó uno de sus múltiples proyectos: subir a los micros de Lima, como los vendedores ambulantes, pero llevando, en vez de caramelos y reclamos, poesía. Poesía que hable de caramelos y reclamos. Supe que habló con otros poetas, que escribieron poemas, subieron a los micros e hicieron un libro de intervención. No sé si supe que hicieron un video, recién lo vi hace unas semanas y ahora lo publico acá.   

sábado, 13 de marzo de 2010

Una canción para los tratados comerciales

"Almejas" es una canción del disco Barranca Abajo (1995) de los uruguayos de El cuarteto de Nos, que cuenta la historia de María, José, su negocio de almejas y la apertura de mercados. Qué forma más gráfica de contar qué pasa cuando uno le quita los aranceles a países más grandes que el de uno. Ahí va (y suerte a todos con los TLC).

martes, 9 de marzo de 2010

García Canclini, (des)encuentros posibles y este mundo post-todo



Apunto al vuelo algunas preguntas que anoté leyendo el capítulo quinto de La globalización imaginada (1999), estimulante libro de Néstor García Canclini que analiza las relaciones entre cultura, política, globalización, imaginarios y mercado. El capítulo se llama «Desencuentros entre un antropólogo latinoamericano, un sociólogo europeo y una especialista estadounidense en estudios culturales» y me recordó conversaciones con amigos, debates en congresos y reflexiones personales. Está elaborado como una pequeña crónica sobre tres estudiosos cosmopolitas, sus cuestionamientos y sus limitaciones, y busca revelar y combatir algunos de nuestros prejuicios usuales.

Extraigo algunas de las preguntas más interesantes que el capítulo propone: ¿Es todavía válido –dada la actual composición del mundo globalizado– criticar que América Latina sea pensada desde el exterior? ¿Ha cambiado la noción de distancia? ¿Cómo, en qué se ha convertido? ¿Por qué, en estas épocas de entrecruces culturales, los estudiosos de los países centrales se ocupan mucho más de los periféricos que los periféricos de los centrales? ¿Es válido que estudiosos de los países periféricos estudien la cultura y las sociedades de los países centrales? ¿Por qué no se traduce a lenguas latinoamericanas la gran mayoría de trabajos hechos en inglés sobre América Latina? ¿Por qué no se traduce al inglés la gran mayoría de trabajos hechos en español y portugués sobre América Latina? ¿Por qué, en una época de globalización económica, persiste (y quizá se exacerba) el nacionalismo cultural?

¿Cumplimos algún rol en la transformación social (más allá de hacer funcionar a las instituciones) los que nos dedicamos a la investigación de la literatura, la cultura y la sociedad?

domingo, 7 de marzo de 2010

La ex hacienda San Agustín



Cuando en enero de 2009 nació esta bitácora no tenía un rumbo fijo (todavía no lo tiene, felizmente), pero tenía algunos principios claros: que el mundo necesita una revolución, y que una revolución diversa debe reunir “a revolucionarios diversos: rabiosos o pacifistas, pacientes o apurados. A todos los que creen que el mundo lo tenemos que hacer mejor nosotros, todos los que tengamos ganas, respeto profundo por quienes no estén de acuerdo con nosotros y alguna herramienta para trabajar”. De a pocos, la bitácora adquirió un tono más personal, más íntimo, aunque mantiene los mismos principios y aspira a enterarse y difundir más cosas como A punto de despegar, una exposición fotográfica que es la punta de un iceberg que es el trabajo que durante la última década viene haciendo un grupo de gente en la ex hacienda San Agustín, justo atrás del aeropuerto Jorge Chávez, en el Callao.

La historia es antigua y compleja: San Agustín fue una hacienda perteneciente a la familia Prado, ellos la vendieron al Estado (cuando Prado era presidente) para construir el aeropuerto internacional y, desde entonces, sus pobladores viven bajo amenaza de desalojo. Paralelamente, parte de la hacienda fue entregada en propiedad a los yanacones (trabajadores de la misma), que la han venido administrando desde entonces, mientras se resuelve el lío jurídico de la propiedad de la ex hacienda. Y mientras tanto, el tiempo se detuvo parcialmente en San Agustín: situado a la espalda del aeropuerto y la modernidad que este representa, el lugar sigue siendo un gran predio rural, los pobladores viven fundamentalmente de la agricultura, una de las antiguas maestras sigue viviendo en la –ahora derruida– casa hacienda, y los viejos inmigrantes andinos, costeños y japoneses siguen transmitiendo la memoria de una sociedad que se fue, a sus hijos y nietos, que crecen mezclando la memoria y la vida rural de sus familias y su cotidiano, con la modernidad de la periferia urbana, salsera y chalaca del barrio que los rodea.

El lugar, aunque enorme, está fuera del imaginario limeño y chalaco, y hace casi diez años, un grupo de estudiantes de Literatura de la Universidad de San Marcos, llegaron allí para hacer un trabajo de curso para un Seminario de tradición oral. Conocieron a los habitantes, los entrevistaron, se involucraron con su problemática, se construyeron afectos y la vida les cambió a varios (estudiantes y pobladores). El curso acabó, la universidad también, pero la relación se hizo cada vez más profunda.

De esta relación salieron dos libros, Un libro bien grande donde dice todo lo de la hacienda (2006), preciosa colección de recopilación de tradición oral infantil, editada por Kristel Best Urday en la editorial Sarita Cartonera, y Oía mentar la hacienda San Agustín (2007), estudio y recopilación más amplia de la memoria oral de la ex hacienda, realizada por Elizabeth Lino, Kristel Best Urday, María Gonzales y Alejandro Hernández y que ganó el premio Andrés Bello de Memoria y Pensamiento Iberoamericano en la Modalidad de Memoria Oral de 2006. El libro, editado en Colombia y distribuido en más de una decena de países en Iberoamérica tuvo, por problemas de distribución, escasa difusión en el Perú.

Luego de los libros, Elizabeth Lino realizó talleres de teatro, Lorena Best talleres de fotografía y  Alexis Huaccho realizó El último ayllu, reportaje en video sobre la ex hacienda, que ganó en la categoría de reportaje de los X premios James de la PUCP. El trabajo ha seguido y hace un par de semanas se realizó en San Agustín una exposición de las fotos tomadas por un grupo de niños, además de lanzarse el día de la exposición la Radio Avión, que ojalá pueda continuar.

La intención original de esta entrada era comentar mis impresiones de A punto de despegar, la exposición que estuvo en la ex hacienda hace un par de domingos, pero ya que hice una introducción tan larga, dejo mi reseña sobre la exposición para otro día. Por ahora, recomiendo visitar el blog de la ex hacienda para conocer mejor la problemática, el de la exposición para hacerse una idea de lo que fue, el de Radio Avión, ver El último ayllu, leer Un libro bien grande, (buscar y) leer Oía mentar la hacienda San Agustín, visitar la ex hacienda e involucrarse.

La teta asustada


El inicio de La teta asustada (2009) es sobrecogedor: la pantalla aparece absolutamente oscura, y sólo se oye la voz de una mujer cantando bajito en quechua, con voz dulce y melódica un canto desgarrador, violentísimo, y a la vez desafiante y poético, describiendo la manera en que fue violada. Un canto que es a la vez una declaración. Tras un primer minuto de voz a oscuras, aparece la imagen de la anciana que sigue cantando, echada en su cama, con la cámara muy cerca de su rostro envejecido, el pelo suelto y gris, los ojos cerrados y una cama y una pared desvencijadas. Canta por un minuto más, con la misma triste melodía y ante una cámara que no se mueve de su rostro. Luego, tras su canto, aparece primero una voz más joven y más dulce que le responde, e inmediatamente un rostro que va aproximándose desde la esquina del cuadro hasta ubicarse junto a su madre, en una conversación cantada, dulce, triste y poética que culmina con la muerte pacífica de la madre que me hizo recordar algunos de los cantos en quechua insertos en las novelas de José María Arguedas y que eran, como en esta película, parte central de la estructura de sus novelas.

Esa primera escena es la única que hace referencia explícita a la violencia que origina la trama de la película: una mujer es violada (como muchas) durante la guerra entre Sendero Luminoso y las Fuerzas Armadas peruanas y sufre, a consecuencia de la violación, la enfermedad de la teta asustada, un mal que su hermano explica así: “Ella [su hermana] pues estuvo en el pueblo en la época muy dura. Con el terrorismo nació Fausta y su madre le transmitió el miedo por la leche, la teta asustada, así le dicen a los que nacen así como ella, sin alma, porque del susto se escondió en la tierra”.

La película transcurre desde la muerte de la madre hasta que Fausta –la hija nacida sin alma, temerosa y silenciosa, que vive en casa de sus tíos en una zona pobrísima de la periferia limeña, y que apenas parece poseer dos objetivos en la vida: protegerse de la violencia de los hombres (razón por la cual lleva una papa en la vagina) y llevar el cuerpo de su madre a enterrar en su pueblo natal–, consigue hacerse cargo del cuerpo de su madre, y sale de Lima rumbo a su pueblo, para enterrarla.

La película está llena de referentes de lo popular y lo burgués de Lima: los paisajes de la periferia, los decorados, los diálogos entre los peluqueros homosexuales, el matrimonio masivo y todos los rituales de la fiesta periurbana, así como la soledad de la mujer burguesa, la distancia social que en el Perú es, a la vez distancia cultural y que evidencia un apartheid que solo parece invisible ante los ojos de algunos peruanos, etc., sin embargo exagera estos referentes hasta carnavalizarlos, como hacían los neorrealistas italianos (sobre todo Fellini o el Scola de Nos habíamos amado tanto) o, más cerca, como en el cine de Kusturica (al cual la película me recordó varias veces, aunque el cine de Llosa tiene mucha menos fiesta y velocidad). Sus referentes no son realistas, son sugestivos, poéticos. Pero lo más interesante (o al menos lo que más me gusta) de la película es la función de la música y la lengua. Como en las novelas de Arguedas, las canciones en quechua son el vehículo de comunicación más profundo de la película. Solo entendemos el modo en que la protagonista se relaciona con el mundo a través de sus cantos, que están llenos de símbolos y metáforas: la lengua no es sólo otra lengua, es un puente hacia otro mundo que subyace incluso las actitudes de la familia limeña de Fausta, que ya no es quechuahablante.

La película está repleta de temas explorables para los estudiosos: la significación de la papa, la incomunicación social, la negación del quechua y las relaciones con la violencia política, la extrema pobreza existente e invisible para una Lima que crece económicamente, etc. Pero el tratamiento de estos temas está hecho (y esto parecen no haberlo notado algunos de los que han escrito recientemente acerca de la película) desde la exploración cinematográfica, no desde una ciencia social (para lo cual hubiese servido mejor un documental, si no un paper), ni siquiera desde una pretensión de cine realista o naturalista (además del empleo de la música, un claro ejemplo de que la película no tiene pretensiones realistas es la evidente contraposición entre la mansión limeña en la que Fausta trabaja y el mercado que funciona exactamente afuera de esta: símbolo irreal y verosímil que enfatiza las antagonías sociales de Lima). Lo que hay es, más bien, un cine intimista, sugestivo, que evidencia (como el de Kusturica) grandes problemas sociales pero desde el ojo de la poesía.

La teta asustada (2009), de la que hablé antes en otro post, es una película dura, que cuenta una historia terrible de una manera inteligente y preciosista, y que puede verse online acá. Véanla.

miércoles, 3 de marzo de 2010

Historietas

Reemplace Uruguay por cualquier otro país de Latinoamérica (quizá, si nos ponemos rigurosos, por cualquier país del mundo) y la canción sigue funcionando. Para eso, para que ni Acuamán nade entre la caca, ni a Popeye lo encanen por pelear drogado, es que estamos acá.

lunes, 1 de marzo de 2010

Pueblo maravilloso



Wonderful Town (2007) es una inquietante película tailandesa, escrita y dirigida por Aditya Assarat, y que transcurre en Takua Pa, un pueblo costero al sur de Tailandia, tres años después de haber sido asolado por el tsunami de 2004.

Hay una historia de amor en la película, que ocurre entre Tan, un joven arquitecto llegado de Bangkok, y Na, la muchacha que regenta el decadente hotel en el que Tan se aloja; pero principalmente, la película cuenta historias de desamor: entre Tan y un pasado que desconocemos, entre Na y la vida, entre el hermano gánster de Na (quien, sin embargo, es el único en redimirse al final), y entre Takua Pa (o quizá Tailandia, o quizá los pueblos destruidos por la naturaleza o por la historia) y el tsunami, cuya huella tal vez sea imborrable.

La película tiene pocos diálogos y nos cuenta muy poco acerca de los personajes. Sabemos de ellos lo poco que vemos e intuimos todo lo demás, y esos silencios son los que nos inquietan, los que nos hacen sospechar. La cámara nos muestra escenarios rurales y cotidianos cuya calma, que al principio parece prometedora, tanto para el arquitecto recién llegado como para nosotros, finalmente, tras el ataque a su auto por unos desconocidos y ante el silencio cómplice de Na, esa misma calma nos asusta, nos hace sentir la inminencia del peligro, pero de un peligro que parece consecuencia de un destino trágico, no de una decisión personal. Hacia la mitad de la película Na cuenta que, para su padre, su pueblo tiene gran capacidad de resistencia: “Cuando él era joven –dice–, tenían muchos problemas aquí con la malaria, la mitad de la ciudad murió a causa de ella. Cuando era niña teníamos muchos problemas con las inundaciones, muchas veces teníamos que escapar a las montañas. Y luego pasamos el tsunami, pero parecemos dominarlo siempre”. Tras la película, uno no sabe con certeza qué es lo que consiguen dominar (si es que su padre tenía razón): si la situación o sus sentimientos al respecto.

La destrucción causada por el tsunami es, sin embargo, hasta cierto punto invisible, al menos, parece fundirse con alguna destrucción previa y más profunda, quizá ligada al abandono, a una desesperanza más antigua o a una dureza, también antigua y quizá necesaria. El final, que no contaré para no arruinarles la sorpresa, es trágico: se presentan dos situaciones posibles y sucede una de las dos, pero pudo suceder la otra y el final sería igualmente terrible. Al menos, tras esa escena, viene la última de la película, que muestra a dos niñas bailando y jugando en una azotea, con un cielo maravilloso detrás que, interprétese como se interprete la escena, es de una belleza extraordinaria.

Si quieren ver la película (que no creo que haya llegado ni llegue a salas peruanas), pueden bajarla gratis de acá. Dejo también el trailer: