domingo, 20 de febrero de 2011

E pur si muove


 
Los últimos días están siendo particularmente intensos en el Medio Oriente, pero no sólo allí. Inspirada en la revolución tunecina, en enero Egipto se puso de pie para sacar a su dictador, y luego se sumaron otras  protestas masivas en Marruecos, Bahrein o Libia. Cada una con agendas distintas, pero bajo la misma dinámica: un grupo grande de manifestantes saliendo a las calles para defender ciertos derechos, una cobertura enorme de la prensa y un efecto dominó en las redes sociales y, como consecuencia, la multiplicación de los manifestantes y la radicalización de las demandas. Los resultados también están siguiendo una dinámica similar: las élites de gobierno, asustadas, incrementan la represión, multiplicando la violencia, sin embargo, hasta ahora, van perdiendo las batallas. Lo que está pasando en Egipto y Túnez, ha devuelto la esperanza a los pueblos que esperan destituir a sus tiranos. Y de lo que pase en las próximas semanas y meses dependerá la agenda de los próximos años, no sólo en la relación élites/pueblo, sino también en las relaciones entre los países musulmanes e Israel. Sobre todo porque, por primera vez en mucho tiempo, pese a que las protestas actuales son de mayorías islámicas, están siendo reivindicadas como rebeliones nacionalistas, no religiosas. Además, las tiranías que hasta hace poco tenían el poder incontestablemente, tenían también el apoyo velado (y a veces no tanto) de los Estados Unidos y otros gobiernos occidentales, por lo que, de empezar a construirse formas de gobierno algo más democráticas en la región, la política regional deberá cambiar y habrá un mayor balance de poder entre musulmanes y judíos, lo que puede cambiar completamente -ojalá para mejor- el mapa político regional.
Pero no toda la movilización social ocurre en el Medio Oriente en estos días de inicio de década. En Estados Unidos, una propuesta para afrontar la crisis reduciendo los derechos laborales de los empleados públicos en Wisconsin ocasionó una aún creciente protesta en la ciudad de Madison. La votación para aprobar la reforma iba a darse el jueves, e iba a aprobarse dado que el senado estatal es controlado por los republicanos (quienes ganaron en la elección de noviembre), así que el lunes unos cuantos cientos de estudiantes y sindicalistas fueron a protestar al Capitolio de la ciudad, el martes fueron unos cuantos miles, unos pocos miles más el miércoles, y el jueves, con un Capitolio repleto y rodeado por miles de ciudadanos, los senadores demócratas (necesarios para alcanzar el quórum que permitiera la votación) abandonaron el estado para evitar la aprobación de la reforma. Desde dos noches antes, el 40 % de los profesores de las escuelas públicas se habían reportado enfermos, por lo que las clases ya estaban (y siguen) suspendidas. Así, desde el jueves, la población dentro y alrededor del Capitolio no baja de algunas decenas de miles, que ahora llegan de todas partes para sumarse a las protestas. También Madison ha generado un efecto en otros estados en los que los republicanos planeaban hacer lo mismo, y la discusión sobre lo que pasará en Madison y sus posibles efectos en el resto del país, han alcanzado dimensión nacional.
Y en el otro extremo del espectro político, aparentemente ayer se convocó  a través de Twitter a una "revolución jasmín" en China. Así, en trece ciudades los ciudadanos deberían salir a protestar por mejores salarios, acceso a vivienda y otros derechos. Sin embargo, el gobierno fue más rápido, bloqueó la opción de mensajes de texto de los celulares, las búsquedas de Twitter y movilizó a la policía por todo el país, impidiendo la concentración de la población, y deteniendo a cientos de "sospechosos". Por ejemplo, un joven de 25 años que recogió un jazmín frente a un McDonalds en Beijing. Al parecer, sin embargo, desde hace varios días ha comenzado en China una rebelión clandestina que está intentando salir a flote. Se ha detenido a una decena de activistas a lo largo del país, dos de los cuales aún permanecen desaparecidos. 
Veremos qué pasa en los próximos días y meses. Pero, sin duda, la década ha empezado movida.

sábado, 19 de febrero de 2011

Entre la "verdad" y "la voz del pueblo"

La historia judeocristiana cuenta que, tras la huida de Egipto, el pueblo hebreo se detuvo en el monte Sinaí (o monte Horeb), donde Moisés se separó del pueblo para subir solo y recibir los famosísimos diez mandamientos. El pueblo quedó esperando y su líder no volvía. La gente comenzó a protestar y pidieron al segundo líder, Aarón, que se les permita crear una imagen y adorarla. Aarón lo permitió.
Aarón, como los demás hebreos que estaban al pie del monte, había sido un esclavo en Egipto. Había vivido siempre como ellos y entre ellos, probablemente sentía lo mismo que ellos. Moisés, en cambio, había crecido al interior de la élite egipcia como un egipcio. Era el líder que liberaba al pueblo, pero -de algún modo- no formaba parte de él. Y mientras Aarón se quedó al pie del monte, como todos, Moisés estaba arriba, aislado de su pueblo y de las demandas de allá abajo.Finalmente, cuando Moisés apareció con la inscripción sagrada y vio la adoración al ídolo de oro se enfureció y destruyó las tablas. 
Desde una perspectiva contemporánea, ¿a quién defenderíamos hoy? ¿a Moisés, el líder que no proviene de la gente ni se identifica con ella y aparece repleto de autoridad a enseñar la verdad? ¿a Aarón, el líder que proviene del pueblo, escucha sus demandas y las atiende? Probablemente, hoy diríamos que Aarón era un demócrata y Moisés un dictador. Hoy, además, quién sería capaz de decir que su verdad es indiscutible, inspiración divina. Sin embargo, me parece que lo realmente importante de pensar en Aarón y Moisés es: primero, reconocer que la historia es siempre susceptible de ser cuestionada, el pasado puede discutirse, las cosas no tienen por qué ser para siempre como nos las enseñaron alguna vez; y segundo, que la vida es siempre más compleja y la mayoría, por muy mayoría que sea, no siempre tiene la razón. Además, contrariamente a lo que opinan y piensan algunos, la democracia no tiene por qué ser la dictadura de la mayoría.

heridas

"Nada es más ilegible que una herida."
Jacques Derrida.


Nada es más ilegible que una herida.

jueves, 17 de febrero de 2011

Madison hoy

Estos no son días tranquilos en Madison, Wisconsin. El gobierno del estado ha decidido reducir enormemente los derechos laborales de los trabajadores públicos, y estos: nosotros, hemos decidido impedirlo.
Las protestas empezaron tímidamente el lunes por la mañana, con algunos cientos de manifestantes en el Capitolio, y desde entonces no han parado de incrementarse. Ahora mismo, decenas de miles de trabajadores y estudiantes están en protesta. Hace un par de noches, los profesores de las escuelas públicas se declararon masivamente “enfermos” obligando al estado a suspender las clases. La ciudad está de pie, la gente duerme al interior del Capitolio. Hay carteles por todas partes, uno de los cuales decía, anoche, a los congresistas del estado que deben votar esta semana: nosotros los pusimos, nosotros los podemos sacar.
Hace un par de meses fue tristísimo aceptar que en Wisconsin los republicanos habían ganado las elecciones después de cuatro décadas, pero esta semana, cuando a los republicanos se les ocurrió pasar por encima de la gente, es una alegría saber que aquí hay ciudadanía y esa ciudadanía está dispuesta a luchar por sus derechos. Mientras tanto, estamos en huelga.
Imagen tomada de acá.

sábado, 5 de febrero de 2011

Arguedas, el arte y el arte popular


Acabo de enterarme, a la distancia y tardíamente, que se inauguró el 17 de enero en la Galería Pancho Fierro de la Municipalidad de Lima, la muestra Arguedas Hoy, que seguirá hasta el 27 de febrero y que, dada la lista de artistas participantes y el tema, merece la pena ser vista.
El título me alegró inmediatamente porque alude a la actualidad de José María Arguedas. Y en un país tan jerarquizado, racista, discriminador y lleno de discursos irreflexivos y reduccionistas como el Perú,  es esperanzador que en lugar de una muestra de documentos o un ciclo de conferencias para repetir lo mil veces dicho sobre el autor, se plantee el desafío de repensar y actualizar a Arguedas a través del  arte contemporáneo. Me pareció fenomenal. Pero la triste sorpresa llegó casi inmediatamente, al leer en el sitio web creado para la ocasión que la exposición
"se puede definir como un diálogo entre artífices populares y artistas plásticos jóvenes en torno a la visión de José María Arguedas, sobre un Perú pluricultural en donde todas las manifestaciones culturales conviven en un diálogo compartido". 
¿Artífices populares y artistas plásticos jóvenes?
La triste dicotomía artífice popular/artista plástico me hizo recordar inmediatamente a Joaquín López Antay y el escándalo que se produjo cuando recibió el Premio Nacional de Cultura en 1975, que seguramente habría alegrado mucho a Arguedas, pero que, en manos de María Elena Alvarado, Víctor Vich y Carlos Villacorta (curadores de la muestra), quizá se hubiera convertido en el Premio Nacional de Cultura Popular. Porque el término popular, aquí, no se opone como correspondería al término élite, sino que se le subordina a la categoría misma de arte o de cultura. Lo que no es otra cosa que reestablecer las jerarquías contra las que luchaba tanto Arguedas: las élites hacen el verdadero arte, la verdadera cultura, los demás, hacen arte popular. 
Pero hay una dicotomía más profunda que es sobre la que -creo- habría que profundizar si se quiere hablar de Arguedas hoy, y es la de convivencia pluricultural versus inclusión. Arguedas, como bien señalan los organizadores de la muestra, aspiraba a un Perú en el que la convivencia pluricultural sea posible, en la que cualquier hombre pueda vivir feliz todas las patrias. En cambio, en el nombre de Arguedas y de reivindicaciones indigenistas o "de lo popular", se aspira hoy, sin problematizar el concepto, a la inclusión. Sin detenerse a pensar que el proceso de inclusión necesita de al menos dos actores: uno activo, que incluye, y otro pasivo, que es incluido, a la vez que un sistema determinado en el cual incluir al actor pasivo. Las élites de las artes plásticas peruanas, así como el Estado centralizado, hispanoparlante y occidentalizado se arrogan el derecho de ser quien incluya a los "artífices populares", a los bárbaros, los peruanos que no pertenecen a ninguna élite, los de origen andino o amazónico, los que no tienen el español como lengua materna o Lima como residencia habitual, los que no siguen necesariamente los modelos occidentales, los populares, los otros.
Si queremos pensar con Arguedas, lo primero es reconocer el lugar desde el que hablamos. En una sociedad como la peruana, ¿queremos mantener las jerarquías, borrarlas, invertirlas? ¿Queremos modernizar al bárbaro? ¿Incluir al "artífice popular" en los espacios de los artistas plásticos de verdad? Creo que el centenario de Arguedas, y mucho más una exposición en su nombre, deberían obligarnos a la reflexión. Es tiempo de tomarnos las cosas un poco menos a la ligera.

Imagen inicial tomada de aquí.