lunes, 23 de mayo de 2011

¿Qué elegimos el 5 de junio?



I

Por un lado, elegimos una forma de memoria. No es gratuito que a ambos candidatos se les asocie con los ex presidentes Velasco y Fujimori, cuyos gobiernos representaron cambios profundos en la sociedad peruana. Cambios que generaron tantas simpatías como antipatías, lo que se refleja en la actual polarización del país.

Velasco fue un dictador extraño: militar de izquierda que acabó con la sociedad feudal e integró a las masas campesinas al estado y que, a la vez o precisamente por reducir los abismos sociales, generó una crisis macroeconómica y no fue capaz de reemplazar los viejos motores de la economía peruana por otros igual de productivos. Así, para los afectados por la reforma agraria (o para los que escucharon la leyenda negra y la repiten), Velasco representa el peor gobierno de la historia.

Fujimori también fue un presidente extraño: profesor universitario devenido dictador de derecha y populista, abrió la economía a los grandes capitales consiguiendo un crecimiento inesperado una década atrás, construyó carreteras y colegios y, a la vez o precisamente para abrirle el camino a los grandes capitales, redujo al mínimo los derechos de los peruanos: no solo el derecho a pensar diferente, pero el derecho a pensar. Los asesinatos, la manipulación salvaje y confesa de los medios de comunicación y opinión, los ataques contra toda forma de organización civil y colectividad, la promoción del individuo consumista, morboso e incapaz de ninguna forma de solidaridad estuvieron en el centro de su política. Así, para los afectados por sus crímenes o vejámenes, Fujimori representa el peor gobierno de la historia.

Obviamente, también hay quienes creen que uno u otro tuvieron el mejor gobierno de la historia. Por un lado, los que sufrían el mundo pre-Velasco: los millones de campesinos obligados a trabajar gratis o a cambio de un poco de cancha por todos los días de su vida, y sin acceso ni a la propiedad ni a educación ni a la salud. Por el otro, los que sufrieron el mundo pre-Fujimori: los millones de peruanos que sufrieron la violencia económica del primer gobierno de Alan García, los que vivieron de cerca el miedo al terrorismo y al caos social, al desorden. Todos tienen razón.

Pero Ollanta Humala no es Velasco ni Keiko Fujimori es Alberto Fujimori. Además, ni el Perú ni Sudamérica ni el mundo son los mismos de los 70 ni de los 90. Sudamérica tiene hoy tres modelos de gobierno y el presidente que gane tendrá que acercarse a alguno de esos. El de la izquierda  postrevolucionaria de Brasil, Uruguay, Argentina y Paraguay; el de la izquierda más tradicional de Venezuela, Bolivia y, en menor medida Ecuador; o el de la derecha neoliberal de Colombia y Chile. Sabemos que Keiko optará por el último, no sabemos si Humala optará por el primero o por el segundo. En cualquier caso, sabemos que el primero y el segundo bloques vienen trabajando juntos en muchas cosas, pero también sabemos que el Perú, alineado hace varios años con Colombia y Chile, viene consiguiendo un crecimiento macroeconómico enorme, aunque tantos niños se mueran de frio en Puno y tan pocos trabajadores tengan derecho a vacaciones y a aumentos de sueldo, derechos que alguna vez fueron fundamentales. También sabemos que ambos tienen a un familiar de ideología cercana a la suya en la cárcel. Humala, al hermano que se rebeló contra el Estado en un levantamiento armado, del que Humala hace años ha tomado distancia y cuyo apoyo ha considerado un error desde hace una década. Keiko, al padre que instaló y lideró una mafia corrupta y criminal en el país, y a quien Keiko considera inocente, pese a que él mismo se declaró culpable.

También elegimos o creemos elegir, –y parece que eso está siendo lo más importante en el debate diario–, entre la moral y la economía. Los que están en contra de Humala lo comparan con Chávez o con Velasco o con ambos, pero fundamentalmente atacan sus propuestas económicas y alaban el modelo actual, el del evidente crecimiento económico peruano. Para ellos, la corrupción, los asesinatos, la manipulación de la prensa son, o menos importantes que la economía, o fueron necesarios en el contexto de crisis en el que el Perú vivía antes de Fujimori. Los que están en contra de Keiko piensan lo contrario, dicen, o que el modelo económico está mal porque excluye a demasiados peruanos y beneficia proporcionalmente a muy pocos, o que el modelo económico está bien, pero el costo social que implicó: asesinatos, corrupción extrema, manipulación de todo, fue demasiado alto. Que es mejor tener una mala economía que una mafia asesina en el poder.

A mí me gusta pensarlo con esta metáfora: una familia vive en una casa profundamente sucia y desordenada. Llaman a una compañía, que deja la casa ordenada y limpia (aunque mucha de la suciedad en realidad se queda bajo las alfombras, que son muchas). Los de la compañía se van huyendo, sin embargo, porque los padres los descubrieron robando. Además, la familia notó que Coco y Queca ya no estaban. Poco después encontraron el cuerpo de Queca, brutalmente asesinada y con marcas evidentes de haber sido violada. La compañía tuvo que rendir cuentas y admitió todo. Pero explicaron que quienes habían ensuciado la casa eran Coco y Queca y, por lo tanto, la única forma de arreglar la casa era hacer lo que hicieron. Además, que la violación fue un exceso, pero que disculpen. Finalmente, la compañía volvió a ofrecer sus servicios a la familia, que se dividió. Unos miembros de la familia aceptaron las disculpas aduciendo que la compañía había sido eficiente, que seguramente Coco y Queca se merecían lo que les pasó, y que había que darle otra oportunidad. Otros familiares decían que es verdad que la compañía había sido muy eficiente, pero que matar y violar era demasiado, que quien sabe a quién matarían o violarían esta vez. A los otros familiares, en cambio, nunca les importó tanto la limpieza y el orden de la casa como el hecho de tener muertos y violados en casa. Para ellos, ninguna casa se equivale a la vida de Coco y Queca, o de cualquiera.


II

Por el otro lado, sin embargo, no elegimos casi nada. En un país como el Perú de hoy, es iluso creer que si gana un candidato o la otra, las redes de corrupción van a desaparecer, los peruanos nos vamos a respetar y las desigualdades sociales y/o económicas se van a reducir significativamente. Sería lindo, pero eso solo pasará en un plazo más largo y si los peruanos, y no solo nuestros gobernantes, nos esforzamos en conseguirlo. Gobierne quien gobierne.

martes, 17 de mayo de 2011

dime



In the brown shag carpet of a cheap motel / In the dark and dusty corner by the TV shelf
Is a small reminder of a simpler time / When a crumpled-up pair of trousers lost a brand new dime
Well, you ask me how I made it through / And how my mint condition could belong to you
When I'm on the ground / I roll through town
I'm a president you don't remember / Getting kicked around


I'm a dime
I'm fine
And I shine
I'm freshly minted 

I am determined / Not to be dented by a car, by a plane, or anything / Not yet invented

I'm a dime
I'm fine
And I shine


In the hiss and rumble of the freeway sounds / As the afternoon commuters drive their cars around / There's a ringle-jingle near the underpass / There's a sparkle near the fast food garbage
And roadside trash


I'm a dime
I'm fine
And I shine
I'm freshly minted

I'm silver-plated / I'm underrated / You won't even pick me up / 'Cause I'm not enough
For a local phone call


I'm a dime
I'm fine
And I shine